PaleoArgentina Web. Descubren fósil de rana del Mioceno atrapada en resina. Tianyulong confuciusi, un antiguo ornitópodo con indicios de plumas. Hurdia victoria un gran depredador invertebrado del Cámbrico. Un gran Mamut en el Pleistoceno de Los Ángeles. Guiyu oneiros, un pez primitivo del Silúrico superior de China. Recuperan numerosas especies de vertebrados del Pleistoceno de Venezuela. El artrópodo Eurypterido en el Periodo Devónico de Bolivia. Maiacetus inuus, una ballena primitiva que daba a luz en tierra firme.
 
   

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Neptunidraco ammoniticus, una nueva especie de cocodrilo del Jurasico italiano.

 Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 53. Marzo de 2011.

Fósiles de una nueva especie, pariente de los cocodrilos, han sido descubiertos en una piedra caliza alguna vez destinada para mostradores de cocina italiana, afirma un nuevo estudio.

Los fósiles fueron descubiertos originalmente en 1955 en una cantera de piedra caliza de Ferrara, Italia, luego de que los trabajadores cortaran un enorme bloque en cuatro losas y encontraran los huesos atrapados en su interior.
"Cuando el dueño vio los huesos, decidió guardar las losas", dice Federico Fanti, coautor del estudio y geólogo del Museo Geológico Giovanni Capellini, en Italia.


Los científicos solo examinaron superficialmente los huesos ?lo suficiente para determinar que pertenecían a un antiguo cocodrilo? antes de que las losas fueran enviadas a dos museos italianos. Los fósiles permanecieron sin estudiarse hasta 2009, cuando los científicos decidieron reexaminarlos con más detalle. El análisis de los huesos incrustados reveló un cráneo y algunas vértebras pertenecientes a una especie previamente desconocida de reptil prehistórico de 165 millones de años de antigüedad llamado Neptunidraco ammoniticus.

La criatura recién encontrada resultó ser el miembro más antiguo conocido de los Metriorrínquidos, una familia de milenarios cocodrilos marinos que recorrieron los océanos de la Tierra durante casi 30 millones de años antes de extinguirse. Los científicos creen que los Metriorrínquidos se separaron de los ancestros de los cocodrilos modernos hace aproximadamente 200 millones de años.

A diferencia de los cocodrilos modernos, cuyo estilo de vida es semiacuático, los científicos creen que el N. ammoniticus era un depredador completamente marino que raras veces o nunca se acercaba a tierra. 

El animal de 4 metros de largo se comparaba en tamaño con los cocodrilos modernos, pero su cráneo es más aerodinámico, su cuerpo más hidrodinámico y tiene una cola vertical muy parecida a la de los peces o tiburones. Basados en descubrimientos previos de fósiles de otras especies de Metriorrínquidos, los científicos también sospechan que el N. ammoniticus tenía aletas.
 

"Estaba tan adaptado a vivir en el mar que no podía sobrevivir fuera del agua. En general, era más delfín que cocodrilo", dice Andrea Cau, coautor del estudio y paleontólogo de la Universidad de Bolonia, Italia. Sin embargo, pese a todas sus adaptaciones acuáticas, el N. ammoniticus y otras especies de cocodrilos marinos no cortaron completamente el vínculo con el mundo de la superficie, señala Cau.  Al igual que las ballenas y los delfines, tenían que nadar a la superficie para respirar y, al igual que las tortugas marinas, tal vez se arrastraron por las playas una vez al año para depositar sus huevos.

Aunque aterrador bajo estándares modernos, el N. ammoniticus tampoco era un depredador alfa entre sus antiguas contrapartes marinas. Por ejemplo, a este pariente de los cocodrilos lo empequeñecían los principales depredadores marinos, como el plesiosaurio de cuello corto Liopleurodon, que podía llegar a medir más de 25 metros. En todo el mundo se ha encontrado fósiles de Metriorrínquidos, lo que sugiere que vagaban libremente por los antiguos océanos de la Tierra.

Basados en el tamaño y forma de sus dientes, los científicos piensan que Metriorrínquidos como el N. ammoniticus se alimentaban de peces y calamares y, tal vez, de otros reptiles.  Pero el N. ammoniticus es el único pariente de los cocodrilos que se sabe que vivió en el antiguo mar de Tetis, localizado al norte del supercontinente de Gondwana y que ahora es parte de Italia. Su presencia en Tetis sugiere que los Metriorrínquidos fueron "aún más exitosos" de lo previamente pensado, destaca Fanti, cuya investigación aparece en la próxima emisión de la revista Gondwana Research.

Pese a ello, el grupo no sobrevivió, acota. "Trataron de colonizar un mundo marino y de sobrevivir con lo que el mar proveía, pero fracasaron", precisa.

 


Encuentran fósiles paleobotanicos del Carbonífero.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 53. Marzo de 2011.

Piezas fósiles como la de una flor que por su apariencia simula una amapola petrificada, forman parte de los más recientes hallazgos ubicados en minas y otros parajes de la región Carbonífera, por paleontólogos aficionados.

El integrante de la A.C. “Paleontólogos Aficionados de Sabinas”, José Martín Galicia Chávez, informó que un reconocido paleobotánico mexicano, que actualmente trabaja en Estados Unidos, ya ha mostrado interés en estudiar la pieza. Se estima que por la profundidad de 200 metros a la que fue encontrada, la flor del tamaño de una moneda de cinco pesos, data del período carbonífero.

Manifestó que igualmente se han descubierto fósiles de plantas que incluyen hojas de palmera, helechos, y otras parecidas a las de nogal y álamos, pero que aun no han sido plenamente identificadas. “Igualmente se ha encontrado una pieza que parece ser de un invertebrado, es decir un anmonite, lo que da referencia que la región Carbonífera pudo haber estado cubierta por agua dulce, y en algunas zonas fue mar”, explicó.

El paleontólogo interesado especialmente en los fósiles de carbón, añadió que además de minas, otros de sus sitios preferidos para explorar son el paraje conocido como la loma “El Menor”, y otros aledaños a la comunidad de Minas de Barroterán.

 


Iberica hahni, un pequeño mamífero del Cretácico de Teruel.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 53. Marzo de 2011.

Investigadores de la Universidad de Zaragoza han descubierto, en la localidad de Galve (Teruel), un pequeño mamífero herbívoro, del tamaño de un ratón, coetáneo de los dinosaurios que vivían hace 130 millones de años, y al que han identificado por dientes aislados.

El hallazgo de los científicos Ainara Badiola, José Ignacio Canudo y Gloria Cuenca, del grupo de investigación Aragosaurus-IUCA, acaba de ser publicado en la revista científica inglesa "Cretaceous Research", ha informado hoy la Universidad de Zaragoza. Este mamífero ya extinguido ha sido bautizado como "Iberica hahni", pertenecía al orden de los multituberculados herbívoros, y se caracterizaba por presentar dientes o muelas con numerosas cúspides o picos en toda la superficie, que le permitían disponer de mayor superficie de masticación para moler plantas y frutos.

Los dientes aislados de los multituberculados se han recuperado con la técnica del lavado-tamizado de toneladas de sedimento en el campo y el triado de los concentrados mediante el uso de lupas binoculares en el laboratorio. Esta dentición recuerda a la de los roedores, aunque diferente, con la presencia de largos incisivos, seguidos de un diastema dental (parte de la dentadura que no tiene dientes). Se trata de unos dientes especializados en procesar vegetales, aunque se desconoce cuál sería la dieta precisa de estos mamíferos extintos.

La localidad turolense de Galve es conocida por el descubrimiento de dinosaurios, de los cuales se han descrito dos hasta el momento, los saurópodos Aragosaurus y Galvesaurus, que convivían con pequeños mamíferos herbívoros del tamaño de los actuales ratones, los multituberculados. De hecho, en Galve, hay al menos cuatro especies de estos animales en las rocas de hace unos 130 millones de años, que han sido identificados exclusivamente por dientes aislados. El nombre genérico del nuevo multituberculado de Galve, "Ibérica", está dedicado a la Península Ibérica, y la especie, "hahni", a los investigadores alemanes Gerard y Renate Hahn, especialistas en multituberculados y que han publicado diferentes trabajos en la localidad turolense.

Los fósiles de multituberculados de Galve fueron recuperados en los años 1960 y 1970 por los equipos alemán y español, liderados por los investigadores Walter Kühne y Miquel Crusafont de las Universidades Freie Universität Berlin y de Barcelona, respectivamente.

 


Xenicibis xympithecus, un ave de fines del Pleistoceno de Jamaica.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 53. Marzo de 2011.

Como si de caballeros medievales se trataran, estos pájaros prehistóricos se enfrentaban en duelos "lanza en ristre". La diferencia es que en estos 'torneos' las armas usadas eran sus propias alas.

Paleontólogos de la Universidad de Yale y del Instituto Smithsonian han descubierto que el Xenicibis xympithecus, miembro de la familia de los ibis que vivió hace unos 10.000 años exclusivamente en Jamaica, batía sus alas como si de un mangual se tratase. El pájaro prehistórico balanceaba la parte superior de su brazo oscilante gracias a las articulaciones, que funcionaban como bisagras, y luego golpeaba a sus enemigos con la parte gruesa de los huesos de sus alas, según recoge el estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B.

Es la mayor especialización armamentística que hayamos visto nunca en un pájaro "Ningún animal ha evolucionado nunca a nada parecido", explica Nicholas Longrich, de la Universidad de Yale y responsable de la investigación. "No conocemos ninguna otra especie que use su cuerpo como un mangual. Es la mayor especialización armamentística que hayamos visto nunca en un pájaro", asegura. 

Como parte del estudio, los investigadores analizaron esqueletos parciales de Xenicibis xympithecus descubiertos recientemente y vieron que sus alas eran muy diferentes a todo lo que habían visto con anterioridad. "Cuando las vi por primera vez creí que se trataba de algún tipo de deformidad", afirma Longrich. El Xenicibis xympithecus es del tamaño de una gallina grande, similar a otros miembros de la familia de los ibis. Exceptuando sus alas, que incluyen huesos gruesos y con la parte delantera curvada.

El equipo encontró que varios huesos de las alas analizadas tenían evidencias de duros combates. Estas peculiaridades llevaron a los investigadores de Yale a pensar que tendrían que "utilizarlas para algo". Se sabe que algunos pájaros usan sus alas para golpear o a modo de martillo.

 Pero el Xenicibis xympithecus es el único animal conocido que las blandía de esta particular forma, como si fueran dos bates de béisbol dispuestos a machacar a sus oponentes.

Los científicos creen que con esta técnica podrían defenderse de otras especies que acecharan a sus huevos o crías. Los ibis de hoy en día han perdido la contundencia sus antecesores, pero siguen siendo muy territoriales y a menudo se enzarzan en luchas en la época de nidificación o por comida.

 


Encuentran icnitas de Artcodus simus en Estados Unidos.

 Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 54. Marzo de 2011.

Las marcas de un zarpazo han llevado a descubrir que hubo un tiempo en el que un oso gigantesco, que medía 1,8 metros de altura en cuatro patas y casi cuatro metros cuando se ponía sobre sus dos patas traseras, y que habitó en el planeta hace cientos de miles de años, coincidiendo con la Edad de Hielo.

Este monstruo prehistórico, que debió causar auténtico terror entre sus víctimas con sus 816 kilos de peso, vivió en la Cueva Riverbluff cercana a Springfield, en Misuri (Estados Unidos) y, según los paleontólogos, podía superar los 70 kilómetros por hora de velocidad cuando perseguía una presa.

El hallazgo de la cueva, donde se han encontrado tantas pistas sobre este Artcodus simus, tuvo lugar hace cinco años y fue fruto de la casualidad. Los obreros construían una carretera en la zona cuando hicieron un agujero en las rocas y el fango que había sellado la cueva hace al menos 55.000 años.

Enseguida llegaron al lugar los paleontólogos, que han sacado desde entonces 5.000 microfósiles incrustrados en la arcilla desde hace un millón de años y el momento en el que se cerró la cueva, según ha declarado a la agencia AP el naturista Matt Forir. Entre otros restos, han aparecido huesos de mamuts, caballos, tigres de diente de sable, leones americanos y caparazones de una especie de tortuga desconocida. "Es un auténtico tesoro paleontológico porque todo estaba sellado como una cápsula", ha asegurado Larry Agenbroad, experto en mamíferos prehistóricos de Dakota.

Pero lo más llamativo es el zarpazo en la pared. "Si se confirma que es del oso, los otros fósiles serían la primera prueba real de lo que comía esta especie en la Edad de Hielo", ha declarado Greg McDonald, otro paleontólogo. Por lo que se sabe de este animal, fue el mayor depredador de su tiempo, con una mandíbula impresionante, colmillos con gran capacidad perforadora y muelas puntiagudas que podían machacar los huesos de un mastodonte. Un morro poco pronunciado, un cuerpo corto y unas piernas largas completan el retrato de un animal que, como poco, doblaba el tamaño de los osos que hoy se conocen.

Respecto a sus hábitos, se cree que vivía solo, salvo cuando las hembras tenían crías de las que cuidar o en época de apareamiento. Pese a su poderío, no pudo sobrevivir a la última glaciación por la competencia de los osos marrones y los grisis, más pequeños, pero con más posibilidades de atrapar a las rápidas presas con las que compartían el gélido ecosistema de aquellos tiempos.

 


Investigadores Chilenos encuentran fósiles de mosasaurio y plesiosaurios en la Antártica.

 Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 54. Marzo de 2011.

Un paraíso para los paleontólogos resultó ser la Antártica, según descubrió el grupo de chilenos que componen la expedición científica al continente blanco. Tal es la cantidad de evidencia encontrada respecto de la existencia de vida animal y vegetal desde hace al menos 65 millones de años, que ya se aventura que con más estudios podría confirmarse la existencia de Gondwana. 

“Sudamérica y la península antártica fueron parte de un súper continente llamado Gondwana, y este tipo de hallazgos está confirmando la hipótesis. Es decir, ambas zonas tuvieron similar fauna y flora hace más de 65 millones de años, en la época en que gobernaban los dinosaurios”, dijo el jefe del proyecto geológico y paleontológico del programa Anillos de Ciencia Antártica, del Instituto Chileno Antártico, doctor David Rubilar.

“Hallamos restos de un cráneo de mosasaurio y vértebras de plesiosaurios, reptiles marinos gigantes. Los mosasaurios serían parientes de los actuales varanos o Dragones de Komodo. Eran enormes (como orcas), con extremidades a modo de aletas y que han planteado algunas preguntas acerca del origen de las serpientes y si éstas evolucionaron o no de formas acuáticas. Mientras que los plesiosaurios no exhiben pariente alguno en la actualidad”, añadió el profesional.

Además fueron encontrados un hueso de brazo de un tipo de ave de gran envergadura, mayor a la de un albatros —probablemente de pelagornítido— y que tenían proyecciones en sus picos a modo de dientes. Aparte de moluscos, restos de tiburones, pingüinos extintos y ammonites (moluscos cefalópodos extinguidos, que solían tener un duro caparazón en espiral enrollado sobre sí mismo, de hasta dos metros de diámetro), los científicos dieron con muestras de árboles coníferos.

“Para esta zona sería una gran novedad desde el punto de vista paleontológico. Una vez que analicemos los restos en el laboratorio podremos confirmarlo”, explicó Rubilar.

 


Amphiperatherium frequens, un mamífero marsupial del Mioceno de Castellón.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 54. Marzo de 2011.

Un equipo formado por los paleontólogos Vicent Crespo, Francisco Javier Ruiz y Plini Montoya, de la Universidad de València (UV), y Marc Furió, del Institut Català de Paleontología (ICP), ha recuperado fósiles de marsupiales -grupo al que pertenecen los canguros o los koalas- en las cercanías de Araia, pedanía perteneciente al término municipal de Alcora (Castellón), según ha informado la institución académica en un comunicado.

Este grupo de mamíferos, que se caracterizan porque las crías completan su desarrollo en el interior de la bolsa marsupial materna (o marsupio), habitaron también en épocas pasadas en África, Asia y Europa. En estos tres continentes, los marsupiales se fueron extinguiendo a lo largo del Terciario, y el último registro en Europa data del Mioceno.

La especie fósil hallada en tierras castellonenses, cuyo nombre científico es Amphiperatherium frequens, está emparentada con los marsupiales americanos, ya que forma parte de la familia de los didélfidos, a la que también pertenecen las zarigüeyas actuales.

Además de los marsupiales, se han obtenido también restos de roedores, insectívoros, quirópteros (murciélagos) y de algunos grandes mamíferos, que han permitido fechar los yacimientos paleontológicos en unos 16 millones de años de antigüedad, en la parte inferior de la época conocida como Mioceno. Por tanto, los fósiles recuperados en Araia pertenecen a los últimos marsupiales que habitaron la Península Ibérica, según ha explicado la UV.

El ambiente donde vivían estos animales debió tratarse de una zona boscosa subtropical, en las cercanías de un gran lago que abarcaba los actuales términos municipales de Alcora y Ribesalbes. En la parte profunda del lago se depositaron los sedimentos que constituyen el clásico yacimiento paleontológico de conservación excepcional de Ribesalbes, que ha proporcionado "magníficos" fósiles de plantas, insectos y anfibios.

En una etapa posterior, en los fangos de las riberas del lago se acumularon los restos esqueléticos de mamíferos que constituyen los yacimientos de Araia. Para su obtención, se tuvieron que procesar varias toneladas de sedimento, que fue tamizado para eliminar las arcillas y los limos.

Posteriormente, se procedió a triar el residuo grano a grano para extraer los fósiles, que consisten sobre todo en dientes aislados. Para su estudio se requieren técnicas de microscopía electrónica, ya que estas piezas dentarias poseen un tamaño que no suele superar el milímetro.

Los trabajos paleontológicos en el área de Araia, que se han llevado a cabo durante los años 2009 y 2010, han sido autorizados y financiados por la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana. Los primeros resultados se han presentado recientemente en el congreso anual de la Society of Vertebrate Palaeontology, celebrado en Pittsburgh (Estados Unidos).

Además, según la UV, la "gran riqueza paleontológica" que encierran los afloramientos de Araia d'Alcora permite "albergar esperanzas de realizar nuevos hallazgos de interés científico durante futuras campañas de excavación".

 


Tianyulong confuciusi, un antiguo ornitópodo con indicios de plumas.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Un equipo de científicos chinos y estadounidenses ha descubierto en China el fósil de un dinosaurio del grupo de los ornitópodos (herbívoros) que presenta señales de haber tenido algo parecido a plumas, lo que modificaría la teoría sobre el origen del plumaje en esos animales prehistóricos. El hallazgo, del que se hace eco la revista científica británica “ Nature ” , tuvo lugar en el condado chino de Jianchang, en la provincia de Liaoning, y el fósil parece corresponder al periodo conocido como Cretáceo temprano (hace entre 144 y 99 millones de años) .

Hasta ahora se tendía a pensar que los pájaros actuales, que vienen a ser dinosaurios con plumas, descendían de los terópodos, unos dinosaurios carnívoros bípedos del grupo de los saurisquios que vivieron desde el Triásico superior hasta el Cretáceo superior (hace entre 228 y 65 millones de años). Sin embargo, el fósil descubierto por Hai-Lu You, de la Academia china de ciencias geológicas, y Lawrence Witmer, de la universidad estadounidense de Ohio, desafiaría esa teoría, dado que presenta indicios de plumas pero en cambio pertenece a la familia de los pequeños heterodontosaurus, del grupo de los ornitópodos (fitófagos)

El fósil, bautizado como “Tianyulong confuciusi” , tiene en varias partes del cuerpo estructuras filamentosas externas parecidas a plumas, señalan los científicos. Esas estructuras, que no presentan signos de ramificarse, tienen el mismo tamaño y están agrupadas en tres zonas, más una cuarta, en la cola, donde son más largas, de hasta 6 centímetros.  

Hasta ahora, los heterodontosaurus se habían hallado en África y datado del periodo del Jurásico temprano (hace 205 hasta 190 millones de años). El descubrimiento de estos paleontólogos traslada además por primera vez ese grupo de dinosaurios herbívoros, caracterizados por sus cuerpos pequeños y gráciles, al continente asiático.

Fuente: EFE y Grupo Paleo.

 


Recuperan fósil de un enorme Pliosaurio
en el archipiélago ártico de Svalbarb.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Los restos de un monstruo carnívoro que habitó los mares en el reinado de los dinosaurios y superó en tamaño al famoso Tiranosaurus Rex del Cretácico, han sido descubiertos en una isla del archipiélago ártico de Svalbarb. Según publica en su edición electrónica el diario “The Guardian”, un grupo de “cazadores” noruegos de fósiles ha encontrado la parte trasera del cráneo del animal en el sudoeste de la isla de Spitsbergen (Noruega).

El hallazgo, asegura el periódico británico, “ha sido descrito como uno de los descubrimientos más significativos del Jurásico“. El depredador ha sido identificado como una nueva especie de pliosaurio, un grupo ya extinto de reptiles acuáticos caracterizados por un cráneo enorme, un cuello corto y cuatro aletas para desplazarse en el agua.

“Es realmente grande. Tenemos partes de la mandíbula inferior que son gigantes en comparación con cualquier cosa vista antes” Las medidas de la parte trasera del cráneo y otros 20.000 fragmentos óseos hallados en la isla ártica muestran que la criatura ocupaba la cúspide de la cadena alimenticia y vivía a base de comer calamares, pescados y otros reptiles marinos.

Para hacerse una idea del colosal tamaño del pliosaurio, su cabeza era dos veces más grande que la del Tiranosaurus Rex y su mandíbula estaba salpicada de dientes de casi 30,5 centímetros de longitud.

Los paleontólogos calculan que el animal, cuyo mordisco era cuatro veces más poderoso que el del Tiranosaurus Rex, medía 15 metros de largo, pesaba 45 toneladas y dominó los océanos hace 147 millones de años. “Es realmente grande. Tenemos partes de la mandíbula inferior que son gigantes en comparación con cualquier cosa vista antes”, afirmó Espen Madsen Knutsen, paleontólogo del equipo de la Universidad de Oslo que ha examinado los restos.

Los investigadores avistaron los primeros vestigios del animal durante el último día de una expedición llevada a cabo en 2007, en la que dieron con huesos de pliosaurios más pequeños. Sin embargo, Jorn Hurum, director de la expedición y miembro del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo, reparó en que había unos huesos más grandes en el terreno y marcaron ese paraje con un GPS (sistemas de navegación). El pasado mes de agosto, el equipo regresó al lugar del hallazgo y quedó asombrado al comprobar que los restos correspondían al mayor pliosaurio encontrado hasta la fecha.

Los paleontólogos han pasado los últimos meses limpiando y midiendo los fragmentos, con el fin de elaborar un dibujo del depredador.

Fuente: Noticias24/EFE y Grupo Paleo.

 


Hurdia victoria un gran depredador invertebrado del Cámbrico.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Un equipo investigador de la Universidad de Uppsala (Suecia) ha descubierto un animal predecesor de los artrópodos, bautizado Hurdia victoria, que fue un "temible depredador" marino hace entre 540 y 500 millones de años. Los científicos, dirigidos por Allison Daley, explican en la revista estadounidense "Science" que este gran animal y sus primos cercanos, todos de la familia de los anomalocarídicos, dominaron los mares del periodo Cámbrico y se comieron a buena parte de sus habitantes.

Los anomalocarídicos, entre los que se encontraba el anomalocaris, eran animales de gran tamaño y bocas dentadas y se conocen por el sobrenombre de tiranosaurios rex del Cámbrico. Anomalocaris y Hurdia victoria forman parte, probablemente, del origen del linaje evolutivo de los artrópodos, el gran grupo que abarca insectos, crustáceos, arañas, miriápodos y quilópodos. Los primeros fósiles del Hurdia victoria se descubrieron hace cien años, pero los trozos de sus restos llegaron a clasificarse dentro de hasta ocho grupos animales, incluidos los crustáceos, las medusas y los pepinos de mar. En la década de los 90 se encontraron nuevos especímenes en Canadá y ahora los investigadores han podido completar el puzzle y descubrir que los distintos restos forman parte de una única y desconocida especie: Hurdia victoria.

Su cuerpo es segmentado, en su cabeza tiene dos garras espinadas y una estructura de mandíbula circular con muchos dientes y posee branquias. "La mayoría del cuerpo está cubierto por las branquias, que probablemente eran necesarias para que un animal tan grande y activo nadador obtuviera oxígeno", explica la responsable de la investigación, Allison Daley.

El rasgo novedoso y misterioso de esta especie es el gran caparazón de tres partes que nace de la zona delantera de su cabeza hacia el exterior. "Esta estructura no se parece a ninguna otra observada en otro fósil o en los artrópodos vivos", afirma Daley. Muchos animales tienen una concha o caparazón que protege sus órganos blandos, pero en el caso de este depredador marino está vacía y ni cubre ni protege al resto del cuerpo. Hurdia victoria vuelve a quebrar las cabezas de los paleontólogos, que en esta ocasión deberán descifrar el misterio de su cabeza.

Fuente: EFE y Grupo Paleo

 


Un gran Mamut en el Pleistoceno de Los Ángeles.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Científicos estadounidenses desenterraron en medio de la ciudad de Los Ángeles el esqueleto casi completo de un mamut, según ha informado el diario "Los Angeles Times" en su página de Internet. Los restos óseos del animal, apodado "Zed", fueron hallados durante una excavación para construir un aparcamiento subterráneo. El esqueleto está siendo limpiado en el Museo George C. Page de Los Ángeles que vivió durante la Edad de Hielo, es decir, hace unos 40.000 años.

Hasta el momento, lo único que pueden afirmar los expertos es que "Zed" tenía una altura de unos tres metros, medido en la cadera, y que tenía una edad de entre 47 y 49 años. Los colmillos, piezas en general frágiles, también están prácticamente intactos. Sólo falta en el esqueleto una pata trasera, una vértebra y parte del cráneo.

Por si fuera poco, junto al mastodóntico Zed, los paleontólogos han hallado también huesos de 700 animales, entre ellos, bisontes, leones, lobos, caballos, linces, bisontes, tortugas, serpientes y coyotes.

Según John Harris, investigador del Museo de Historia Natural de la Ciudad, el emplazamiento, conocido como La Brea, es el resultado de un fenómeno natural de afloramiento de hidrocarburos en cuya trampa cayeron numerosos animales muchos milenios antes de que la zona formara parte de una de las mayores ciudades de Estados Unidos.

En La Brea, la localidad en las afueras de Los Ángeles donde se encontraron los restos del mamut, han sido hallados en el pasado gran cantidad de fósiles, de entre 10. 000 y 40. 000 años de antigüedad. Entre los años 1906 y 1914, los investigadores desenterraron restos de 34 Mamuts. "Pero en ese caso, se trataba de huesos desordenados", indicó el paleontólogo Christopher A. Shaw, al "Los Angeles Times". Los mamuts se extinguieron en América del Norte hace más de 10.000 años.

 


Guiyu oneiros, un pez primitivo del Silúrico superior de China.

Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Dice el paleontólogo Michael Coates, de la Universidad de Chicago, que, "como norma, los fósiles más antiguos de grupos vivos suelen encontrarse en muy mal estado, y tales fragmentos se prestan a interpretaciones contenciosas". Por eso hallar un ejemplar completo, o casi completo, es siempre una novedad con importantes repercusiones.

Es lo que les ha ocurrido a un equipo de científicos chinos, que han dado con un pez primitivo que conserva todas sus partes salvo la aleta caudal, según publican en Nature. El magnífico ejemplar procede de un yacimiento de la provincia de Yunnan, en China, y ha resultado ser, además de casi entero, el más antiguo de todos los peces mandibulados enteros que se conservan: tiene 419 millones de años de edad, lo que lo sitúa en el Silúrico superior (época Ludlow) en la escala geológica del tiempo.

'Guiyu' o "pez secreto" es el nombre con el que los investigadores han bautizado al espécimen, único ejemplar de su género y de su especie. Guiyu oneiros es su nombre completo: el pez secreto y onírico, que acaba de superar al anterior ejemplar de pez óseo completo más antiguo, Dialipina salgueiroensis, ocho millones de años más joven, y se ha convertido también en el miembro más viejo del linaje de los peces óseos superiores o propiamente dichos, si bien no es basal (primitivo).

"El principal valor del hallazgo es, desde luego, la excepcional conservación del fósil para lo antiguo que es", explica Héctor Botella, de la Universidad de Valencia.

El fósil fue hallado en la formación de Kuanti en un yacimiento rico en fauna marina silúrica en Yunnan (provincia que, por cierto, cuenta con el principal lagerstätte -yacimiento de gran calidad por su diversidad y excelente estado de conservación- de los primeros animales que poblaron los mares de la Tierra hace cerca de 600 millones de años, en el Cámbrico). La comparación con otros tres ejemplares fragmentados de peces primitivos posteriores en el tiempo ha permitido a los investigadores colocar al nuevo pez en el complejo puzzle filogenético, aún lleno de agujeros.

De hecho, el hallazgo de 'Guiyu' ha sido para el árbol geneaológico de los peces primitivos lo que es para un juez un importante testigo presencial. El fósil, con su anatomía prácticamente intacta, y gracias a la comparación con sus compañeros óseos 'Psarolepis', 'Naxilepis' y 'Ligulalepis', ha sido colocado cerca (poco después) de los inicios de una importante divergencia evolutiva: la de la separación entre actinopterigios y sarcopterigios, que a la luz de 'Guiyu' ha sido datada como aproximadamente contemporánea al pez, es decir, no más tarde de hace 419 millones de años. 'Guiyu' es, pues, un sarcopterigio basal.

Actinopterigios y sarcopterigios son las dos clases que componen a los peces óseos (los primeros surgen a partir de los segundos), que a su vez pertenecen a los peces mandibulados. Esta divergencia fue crucial en la historia evolutiva, ya que de los peces óseos ha surgido el 98% de los vertebrados vivos, incluidos los humanos. Serán los sarcopterigios los que darán lugar a los tetrápodos; "peces" evolucionados que convirtieron sus aletas en patas y saltaron a la tierra para dar paso, mucho más tarde, a todos los mamíferos.

Como sarcopterigio basal (primitivo), 'Guiyu' comparte rasgos con otros sarcopterigios y con los actinopterigios. "Es esperable que comparta rasgos con otros grupos basales, porque están muy cerca evolutivamente", añade Héctor Botella. El nuevo pez presenta, en palabras de los autores del estudio, "un mosaico" de características de los distintos peces mandibulados a los que pertenecen los óseos. Esta combinación de rasgos arroja nueva luz sobre los orígenes de los peces óseos y confirma las sospechas derivadas de fósiles fragmentados. "El descubrimiento de 'Guiyu' ofrece una restauración completa de un pez primitivo con un mosaico de características de los gnatóstomos [peces mandibulados]", escriben los autores.

 


Recuperan numerosas especies de vertebrados del Pleistoceno de Venezuela.

Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

En un yacimiento de Monagas, hallaron restos de 34 animales del Pleistoceno. El armadillo del tamaño de un Volkswagen, Holmesina septentrionales, correteaba por las sabanas de Monagas. Su mayor preocupación era, probablemente, escapar de depredadores como los tigres dientes de sable, Smilodon fatalis y dientes de cimitarra, Xenosmilus hodsonae, el león del pleistoceno, Panthera atrox o del lobo del pleistoceno, Canis dirus.

Todos esos animales prehistóricos y por lo menos 29 más, habitaban en lo que ahora es territorio venezolano, en la era del Pleistoceno que se calcula comenzó hace más de dos millones de años y finalizó hace unos doce mil años. Quedaron atrapados en brea y se fosilizaron unos sobre otros, creando un fabuloso yacimiento descubierto en 1996, y que ha sido llamado “El Breal de Orocual”, población del Estado Monagas, a veinte kilómetros de Maturín, en cuyas cercanías se encuentra este tesoro paleontológico.

Por un maquinista no esperaba encontrar tal yacimiento prehistórico en esa tierra de Monagas. Lo único que quería hacerse, bajo ese sol abrumador del oriente de una mañana de junio, era cavar la tierra seca y colocar un acueducto de Pdvsa. En eso andaba el maquinista de la industria petrolera cuando sintió que la pala de la excavadora tropezaba con algo duro. Cuando miró intuyó lo extraordinario. Paró la máquina y le dijo a su supervisor: "allí hay dos huesos, y no son humanos". Eran gigantes.

A partir de ese hallazgo, Pdvsa y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas desarrollaron las labores de paleontología en Orocual. En el Centro de Arte La Estancia, la I reunión internacional sobre este breal.

La lideraron Ascanio Rincón, paleontólogo del IVIC; Greg MacDonalds, asesor del proyecto y Néstor Castillo, representante del consejo comunal de la zona.

"Este yacimiento es único, tanto por sus dimensiones (37 mil metros cúbicos de asfalto) como por la cantidad de especies prehistóricas, incluso inéditas en el país, que hemos encontrado", explicó Rincón. McDonalds admitió que, en su experiencia mayor de 25 años, nunca había visto un yacimiento tan rico paleontológicamente, como el de Monagas.

Además de enormes vertebrados, se han identificado hojas, insectos e invertebrados. Entre los animales más importantes identificados están caimanes, tortugas, patos, zamiros, gavilanes, 5 ó 6 especies de acorazados, lobos y leones, todo en grandes formatos, y los destacados tigres dientes de sable, que pesaba entre 150 y 350 kilos, de colmillos gigantes y cola corta; y de cimitarra, con longitud de dos metros, 230 kilos de peso y cuyos restos también han sido hallados en Florida, Estados Unidos, con data de un millón de años.

 


El artrópodo Eurypterido en el Periodo Devónico de Bolivia.

Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

El fósil de un Eurypterido, artrópodo antepasado del escorpión marino que vivió en lo que hoy es territorio paceño hace unos 400 millones de años, es uno de los más importantes hallazgos paleontológicos de los últimos años. Sus descubridores, los científicos Rubén Andrade y Pedro Ortega, conservan la pieza en el Museo de Historia Natural.  El ojo experto de Rubén Andrade, especialista en fósiles de invertebrados y del biólogo Pedro Ortega, reconoció una parte fosilizada del cuerpo del artrópodo marino durante una expedición realizada el 2006 en la zona paceña de Villa Apaña.

“Vino el traslado, la limpieza, la identificación y la reconstrucción de la especie que nos llevó años. Ahora podemos decir a ciencia cierta que se trata de la especie Eurypterido”, explica Andrade en su oficina de la Unidad de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural. El fósil prueba que el artrópodo habría vivido hace 410 y 390 millones de años, durante el periodo Devónico de la era Palezoica, que se caracteriza por el surgimiento de plantas y los primeros animales invertebrados. De acuerdo con la reconstrucción científica, el escorpión Eurypterido habría medido unos 30 centímetros, lo que lo convierte en “casi un gigante” en comparación con sus descendientes actuales (los escorpiones que generalmente alcanzan un tamaño de seis centímentros). Su hábitat era el agua salada.

“Es la primera vez que se halla en la ciudad de La Paz un fósil de esta especie invertebrada”, asegura Andrade y añade que el descubrimiento corrobora la tesis que hace 400 millones de años lo que es hoy territorio paceño era un mar, donde habitaban primitivos animales y plantas. Algunas pruebas científicas de esta idea —trilobites y otros fósiles— se conservan aún en la zona de Apaña que, con fondos para la investigación, podría consolidarse como un yacimiento paleontológico. “En Villa Apaña hay fósiles de especies del Devónico: se ha encontrado plantas, trilobites y una estrella de mar fosilizados”, puntualiza Andrade.

 “Existen aún pocos estudios paleontológicos en Bolivia; es necesario fomentarlos pero tropezamos con el problema de la financiación para los estudios”, comenta Bernardino Mamani Quispe, jefe de la Unidad de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural, y cuenta un hecho que evidencia el abandono de la actividad científica. El 2008, Mamani y Andrade hallaron fósiles de helechos de unos 350 millones de años de antigüedad, en la población de lacustre de Tiquina. “Poco después este registro de las plantas fosilizadas fue publicado por la Academia Brasileña de Ciencias —denuncia el jefe de Paleontología—, tuvimos que defender el trabajo del Museo de Historia Natural de Bolivia”.

Minuciosa y lenta, la labor de los paleontólogos del Museo de Historia Natural es poco difundida. “Por responsabilidad, tenemos que estar muy seguros de un descubrimiento y tener aval de la comunidad científica, antes de anunciarlo”, puntualiza Bernardino Mamani, quien actualmente estudia el fósil de un mamífero, hallado en una zona urbana, que podría dar nuevas luces sobre la fauna primitiva de La Paz. Dependiente de la Academia Nacional de Ciencias, el Museo Nacional de Historia Natural alberga y estudia la colección boliviana de fauna en sus instalaciones de la calle 26 de Cota Cota. La unidad de Paleontología de la institución cuenta con más de un millón de fósiles de diversos tamaños, edades y procedencias. La mayoría se encuentra en reconstrucción.

 


Científicos españoles desarrollan una nueva

técnica para crear réplicas exactas de fósiles.

Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

¿Sabría encontrar la diferencia entre las dos fotos que acompañan esta noticia sin ver el pie de foto? La solución a este pasatiempo no es nada fácil porque se trata de un cráneo fosilizado de un caballo prehistorico y de su réplica idéntica, lograda mediante una nueva técnica que acaba de patentar el Instituto Geológico y Minero de España(IGME). La iniciativa ha sido del geólogo y restaurador Eleuterio Baeza, del IGME. Fue Baeza, que trabaja desde hace años en la reproducción de ejemplares singulares de fósiles y minerales, el primero en intentar hacer estas copias utilizando diferentes materiales, y no uno sólo como se hace habitualmente. «Si las piezas originales están compuestas de diferentes materiales, lo mismo debe hacerse con las réplicas, utilizando una resina u otra, o escayola o poliéster en función de la parte que se está realizando», explica el geólogo.

Para ello hay que fabricar un molde principal y luego tantos moldes secundarios como diferentes materiales se vayan a usar. En estos últimos se generan las partes de la pieza. Una vez que se han endurecido, se unen en el molde principal hasta que forman una sola, tal y como aparecen en la naturaleza. Hasta ahora, puesto que se utilizaba un único material, las copias no tenían la calidad suficiente, pese a las técnicas de acabado que se aplicaban. «Nosotros lo que queremos es que no se distinga si es réplica o no», señala el experto, que ha tardado cuatro años en ver su técnica patentada.

A partir de ahora, todo aquel que quiera una copia con esta técnica deberá recurrir al Instituto para hacerse con ella o para conseguir la autorización necesaria para utilizar el mismo método. Entre los interesados, sin duda, podrían estar los museos y las instituciones que quieren exhibir copias de ejemplares únicos que no están a su disposición. De hecho, los originales rara vez se mueven en exposiciones itinerantes, dada su fragilidad.

Baeza, en estos momentos, trabaja solo en este asunto, después de que se acabara la beca con la que contaba su ayudante. Ahora confía en que el Instituto cree una empresa basada en esta tecnología y se genere la demanda de los museos, de las universidades y otras instituciones de enseñanza en las que sea importante contar con una copia buena de las piezas más excepcionales

El investigador destaca, especialmente, la importancia que tendrá su técnica en la réplica de minerales. En los fósiles suele haber dos o tres materiales (hueso y dientes, casi siempre) y son más estables en su estructura, pero no ocurre igual con los minerales. "Un 20% se transforma cuando se exponen en los museos por la temperatura, la humedad o la luz y, dado que algunas son piezas únicas, es mejor tener las copias expuestas si queremos conservar ese patrimonio", indica Baeza.

Incluso, precisa, se pueden crear distintas variedades de un mismo espécimen, así como los procesos de alteración y transformación de un mineral en otro, o las fases de crecimiento del cristal. En la actualidad, algunas de las réplicas realizadas con este método se pueden ver en la exposición El largo viaje hacia Occidente: fauna ibérica de hace 1.800.000 años”, en Puerto de Santa María (Cádiz). Más adelante la muestra llegará al Museo Geominero de Madrid.

 


Maiacetus inuus, una ballena primitiva que daba a luz en tierra firme.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 35. Abril de 2009.

Dos fósiles de ballena, una hembra embarazada y un macho de la misma especie, revelan que estos animales daban a luz en tierra. Este descubrimiento proporciona nueva información sobre cómo estos mamíferos pasaron de vivir en la tierra a hacerlo en el mar. Una expedición de investigadores de la Universidad de Michigan descubrió los fósiles en 2000 y 2004 en Pakistan. Tienen una antigüedad de 47,5 millones. El equipo publica sus descubrimientos en la revista digital 'PLoS'.

Philip Gingerich, que dirigió la expedición que descubrió los fósiles, explica "cuando vi por primera vez los pequeños dientes en el campo pensé que habíamos encontrado una pequeña ballena adulta pero al ir desenterrando el espécimen descubrimos costillas que parecían demasiado grandes para esos dientes. Al final del día, me di cuenta que habíamos encontrado una hembra de ballena con un feto". En realidad este es el primer descubrimiento de un esqueleto fetal de una ballena extinguida en el grupo conocido como 'Archaeoceti' y representa una nueva especie denominada 'Maiacetus inuus'. Maiacetus significa 'madre ballena' y Inuus era una diosa romana de la fertilidad. El feto estaba dispesto bocabajo para el parto, como en los animales terrestres pero a diferencia de las ballenas modernas, lo que indica que estas ballenas seguían dando a luz en tierra.

Otro indicio del estilo de vida de las ballenas es el desarrollado conjunto de dientes del feto, lo que sugiere que los recién nacidos de esta especie estaban equipados para valerse por sí mismos en vez de indefensos al inicio de su vida. El espécimen macho de 2,6 metros de largo fue descubierto cuatro años más tarde en los mismos lechos fósiles. Comparte las características anatómicas con la hembra de la especia pero su esqueleto, casi completo, es un 12 por ciento más grande y sus dientes caninos o colmillos un 20 por ciento mayores.

Tales discrepancias de tamaño no son raras entre las ballenas, en algunas especies las hembras son mayores y en otras el macho es un poco más grande o mucho más que la hembra. La diferencia en el tamaño del macho y la hembra de Maiacetus es sólo moderada, lo que apunta a que los machos no controlaban los territorios o dirigían harenes de hembras. Los grandes dientes de la ballena, bien preparados para capturar y comer el pescado sugieren que los animales vivían en el mar, probablemente iban a tierra sólo a descansar, aparearse y dar a luz. Como otros arqueocetos, los Maiacetus tenían cuatro patas modificadas para que sus pies tuvieran fuerza para nadar y aunque estas ballenas podían soportar su peso sobre estos miembros, se cree que no caminaban muy lejos en tierra.

"Los especímenes completos como estos son auténticas 'piedras Rosetta' ya que proporcionan conocimientos sobre las capacidades funcionales y la historia vital de los animales extintos que no puede conseguirse de otra forma", concluye Gingerich. En comparación con fósiles de ballena previos, los de Maiacetus ocupan una posición intermedia en la distancia evolutiva que las ballenas recorrieron en su paso de la tierra al mar. Por este motivo, estos fósiles ofrecen nueva información sobre los cambios estructurales y de conducta que acompañaron esta transición

 


Descubren fósil de rana del Mioceno atrapada en resina.

 Articulo publicado en forma completa en Paleo. Año 5. Numero 24. Marzo de 2007.

Una rana atrapada en una resina cristalizada de ámbar, con una antigüedad de unos 25 millones de años encontrada en el estado mexicano de Chiapas, ha despertado el interés de los científicos del país.El propietario de la pieza es el escultor Iván Mileni, quien cuenta con un pequeño museo de piezas de ámbar en el que la principal atracción es precisamente la rana, que está en su poder desde hace dos años. Milani explicó que la joya tiene un valor científico muy grande debido a que puede contribuir al estudio de las condiciones de vida del planeta en ese período.

“Por ser un vertebrado llama la atención que haya quedado atrapado por la resina de ámbar, cuya función es liberar al árbol de insectos parásitos como las termitas”, dijo a Efe el artista.

El ámbar pulido amarillo claro, que permite ver completa la rana de 1,2 centímetros, está en exhibición pero no en venta, junto con otras piezas singulares que contienen pelos de mamíferos y una lagartija.

Milani agregó que el anfibio despertó el interés de los científicos debido a que es un espécimen de hace 25 millones de años que ha permanecido entero.

Además, quedó atrapado en la resina en tres dimensiones lo que representa infinitas posibilidades de estudio a diferencia de otros fósiles encontrados de ese período. Esas circunstancias le dan “un valor científico invaluable”, manifestó. Agregó que la rana, que pertenece al género Craugastor, habría vivido en el período terciario y estuvo oculta en las minas de ámbar de Simojovel, de donde provino el lote de piezas adquirido por Milani.

La familia Brachycephalidae, a la que pertenece la rana fosilizada tiene un gran número de ejemplares vivos, que habitan desde el sur de los Estados Unidos hasta Sudamérica, explicó Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM. "Un ejemplo es la Cagaste augustin, que abarca desde Texas y Arizona hasta Oaxaca. En general, es una especie poco abundante, pero como tiene una amplia distribución se ha mantenido con buenos niveles de supervivencia", explicó.

Ceballos agregó que la taxonomía de este género cambió recientemente, pues antes era conocido como eleutherodactylus, algunas de cuyas especies están en peligro de extinción.

Fuente: EFE y PaleoArgentina.

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