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Descubiertas icnitas y camas de hibernación del oso de las cavernas.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 60. Septiembre de 2011.

La revista Ichnos acaba de publicar un trabajo donde se describen unas icnitas perfectamente conservadas de osos de las cavernas en una cueva de Rumania. En el mismo yacimiento se han identificado camas de hibernación de los osos, e incluso la impresión de pelo.

Las huellas de los animales tienen algo especial que nos fascina. Son la impronta de un momento en su vida, vestigio de su actividad biológica, buscando alimento, o refugio, o dónde cobijar a sus crias, o simplemente de su paso por una llanura olvidada en el tiempo, o (menos poético) de sus excrementos. Las icnitas son estudiadas por los icnólogos con diferentes propósitos: para identificar a los animales que las hacen y así inventariar la fauna de una región, para conocer su peso, su estado de salud, por dónde han pasado, si van en grupo o son solitarios... Sólo por citar algunos ejemplos ¿quién no recuerda a Diane Fossey recogiendo excrementos de gorilas para conocer cuántos días habían pasado desde su paso?

Los que estudian los huellas etológicas o biogénicas, como las cavidades hechas por animales, huellas de pies y manos, senderos, rastrilladas, marcas de piel o sus estructuras dérmicas, se llaman icnólogos. Para mantener separada la nomenclatura de los fósiles corporales (dientes, huesos, conchas, semillas, polen) de la de las estructuras etológicas, se crearon los icnotaxones, que tienen un tratamiento particular en la nomenclatura zoológica. El estudio de las huellas de animales que vivieron en el pasado se llama paleoicnología.

Y las estructuras del pasado tienen un tratamiento particular en la nomenclatura paleontológica, paleoicnotaxones. Recientemente se han publicado sendos trabajos de paleoicnología, uno de invertebrados del que ya dimos noticia hace unos días (Sexo y muerte de los cangrejos cacerola hace 243 millones de años) y otro sobre paleoicnología de osos de las cavernas. Sobre este último es del que vamos a desarrollar hoy nuestra noticia del día. Por cierto, que el autor es el mismo que el de los cangrejos del triásico.

El autor, Cajus G. Diedrich, del PaleoLogic, Halle, Germany, hace un estudio del oso de las cavernas (Ursus spelaeus) de la Cueva de Ursilor, en los Cárpatos occidentales, en Rumania. El artículo, publicado en una de las revistas más importantes de paleoicnología del mundo, Ichnos, describe las miles de huellas que un grupo de osos dejaron en las paredes, plataformas y pendientes del interior de la cueva.

Un pequeño inciso: la formación del yacimiento paleontológico, en el que también se han encontrado numerosos restos de huesos fósiles, tanto de osos como de otros carnívoros, recuerda, en su conservación, al yacimiento del oso de las cavernas del Pleistoceno de Tella, en Huesca, pues un desplome de grandes bloques ha sido una de las causas por la que ambos yacimientos se halla podido conservar hasta nuestros días. Diedrich ha descrito y definido las icnitas dejadas por los osos de Ursilor: Ursichnus europaeus (la terminación ichnus es muy frecuente en la parataxonomía de huellas). Y las camas, o icnitas de reposo durante la hibernación, Ursalveolus carpathicus. En Ursilor hay también huellas de pelo de oso de las cavernas que no se habían documentado hasta ahora en ninguna cueva europea.

Las camas de hibernación son sin embargo conocidas en más cuevas europeas aunque, según Diedrich ninguna se ha estudiado en detalle.

Un resultado interesante, por el gran debate que ocupa a los paleontólogos desde hace unos años, es que, al estudiar y comparar las huellas del oso de las cavernas de Ursilor con las de otros osos, Dietrich ha visto que son plantígradas y que sus uñas son más parecidas a las de los osos hervíboros, como el oso negro americano (Ursus americanus).

Este oso come de vez en cuando materia animal pero no es su fuente principal de proteinas. Se han hecho muchos estudios sobre la alimentación del oso de las cavernas, están basados en la morfología dental, en la morfología mandibular, isótopos en el esmalte dental, nosotros hemos hecho un estudio sobre las marcas de osos en los huesos del yacimiento de Tella y todavía se sigue discutiendo si era fundamentalmente hervíboro, omnívoro o carnívoro. Parece que la balanza se inclina hacia una herviboría con algo de omnivorismo! Sin embargo, a diferencia de los huesos de osos de Tella, que presentan mordeduras y marcas que indican que los osos carroñeaban otros  individuos de su misma especie, en Ursilor no hay marcas de mordeduras por lo que ni ellos mismos, ni el resto de carnívoros que ocasionalmente usaron la cueva, mordieron los huesos de los osos que eventualmente morían durante la hibernación.

Hay que decir que las huellas del oso de las cavernas de Ursilor ¡son más grandes que las que deja un gran gryzzly actual!. Una parte importante del estudio de los osos de Ursilor ha sido también la identificación de las camas de hibernación (140 en total) de las cuales las más notables son las de un grupo de tres osos, una osa y un osito cercano a la hembra, que probablemente no había pasado todavía su primer año de hibernación. El tercero, un oso macho joven en el fondo más lejano de la cueva. Además, otra conclusión interesante es que los osos excavaban sus propios nidos de hibernación pues las camas tienen las marcas de las uñas alrededor de la huella de hibernación.

 

Los tiburones se alimentaban de ammonoideos en el Jurásico.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 60. Septiembre de 2011.

Evidencias directas de la actividad predadora son raras encontrarlas en el registro fósil, por ejemplo conservación de contenidos estomacales. Esto dificulta reconstruir las relaciones presa-predador en el pasado. Los ammonoideos fueron unos cefalópodos muy abundantes. Se han descrito algunas marcas de mordeduras en sus conchas, que se han relacionado con diferentes vertebrados, como mosasaurios en el Cretácico Superior. Sin embargo no se habían encontrado dientes relacionados con un ejemplar mordido. Hay que tener en cuenta, que en muchos casos la mordedura produciría la perdida de algunos dientes.

Desde hace tiempo se conoce que los tiburones fueron predadores de los ammonoideos durante el Mesozoico, deducido a partir del análisis de marcas de mordedura encontradas en estos moluscos, y por el estudio del contenido de coprolitos de tiburones. Sin embargo nunca se había descrito una evidencia directa de la relación entre la presa y el predador. El paleontólogo frances Vulló describe por primera vez esta relación a partir de un ejemplar de ammonoideo del género Orthaspidoceras del Kimmeridgiense (Jurásico Superior) del Oeste de Francia. Este ammonoideo tiene asociados dientes del tiburón hibodóntido Planohybodus.

Los hibodóntidos son un grupo de tiburones actualmente extinguidos, pero que fueron muy abundantes en el Mesozoico. Los hibodóntidos diferencian de los tiburones modernos por presentar unos dientes con cúspides alineadas y generalmente con crestas. Precisamente varios de estos dientes aislados se encuentran asociados en la concha del ammonoideo como se puede ver en la fotografía. Además presenta marcas de dientes. Los dientes de hibodóntidos como Planohybodus morfológicamente parecen mejor adaptados para predar sobre organismos sin concha externa. Sin embargo este ejemplar indica que eran capaces de atacar robustos ammonoideos y seguramente alimentarse de ellos.

 

Un cuerno ceratops podría resolver el misterio de la extinción de los dinosaurios.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 60. Septiembre de 2011.

Un pequeño cuerno fosilizado, descubierto en un lugar inhabitual, podría poner fin a la polémica sobre la causa de la desaparición de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años, que desde hace unos 30 años divide a los partidarios de diversas teorías.

Según un estudio publicado el martes en la revista Biology Letters de la Royal Society británica, la presencia de este cuerno de dinosaurio en una capa de las colinas de Montana (Estados Unidos) sugiere un brusco cambio climático provocado por la caída de un asteroide en la Tierra.

Durante mucho tiempo, la desaparición de los dinosaurios fue un misterio que dio lugar a todo tipo de especulaciones. Los especialistas se limitaban a constatar que sus fósiles abundan en la era mesozoica (-248 a -65 millones de años), pero que no se encuentran otros rastros en las rocas más cercanas.

En 1980, varios científicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), liderados por Luis Álvarez y su hijo Walter, descubrieron que una capa de arcilla de 65 millones de años de antigüedad contenía una fuerte tasa de iridio, un metal muy raro y casi ausente de la superficie de la Tierra... pero no en los meteoritos. Para los investigadores, era una señal de un impacto de la colisión con la Tierra de un gran objeto llegado del espacio, que podría haber provocado una catástrofe ecológica que borró bruscamente del planeta los dinosaurios, así como a numerosas especies animales y vegetales.

En marzo de 2010, 41 investigadores acusaron a un asteroide de 15 kilómetros de diámetro que cayó en Chicxulub, en la provincia mexicana de Yucatán, golpeando la Tierra con una potencia fenomenal.

La teoría de la extinción del Cretáceo-Terciario ('KT'), muy polémica al principio, fue alimentada más tarde por numerosos estudios, que no convencieron a los defensores de la principal teoría adversa. Si bien estos expertos no niegan la caída de ese asteroide en la época del KT, consideran que esta extinción masiva está vinculada a fenómenos volcánicos mucho más antiguos, cuyo origen se encuentra en la actual India. Después de 1,5 millones de años, esas erupciones podrían haber desembocado en el mismo resultado que el asteroide: un lento enfriamiento y depósitos de iridio o de otros minerales raros.

Según algunos de estos científicos, la población de dinosaurios podría haber desaparecido ya antes de la caída de ese asteroide en el Yucatán.

La prueba sería la existencia de una capa de tres metros en los sedimentos geológicos situados bajo los del KT y, por lo tanto, anteriores a ese período, en el cual jamás se descubrieron fósiles de dinosaurios.

Esto fue hasta que un equipo dirigido por Tyler Lyson, de la Universidad de Yale, encontró el cuerno frontal de un ceratops, a 13 centímetros bajo el límite geológico que marca el comienzo del episodio KT. "La localización de ese dinosaurio demuestra que no existe un 'vacío de tres metros' en el Cretáceo y es incompatible con la hipótesis según la cual los dinosaurios (...) desaparecieron antes del impacto" del asteroide, concluye el estudio del profesor Lyson.

Sin embargo, la polémica no está definitivamente enterrada. Los geólogos que descubrieron ese cuerno reconocen que no pueden explicar la ausencia total de fósiles en una capa de sedimentos de 125 centímetros depositada inmediatamente después de la caída del asteroide.

 

Fósiles de Crocodylus s.p en Republica Dominicana.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 61. Septiembre de 2011.

Fósiles de al menos tres cocodrilos, especies acuáticas y osamentas de otros animales fueron encontrados en el manantial de una cueva ubicada en la provincia La Altagracia, gracias a una expedición realizada por el equipo de buzos de la Dominican Republic Speleological Society (DRSS), el Museo del Hombre Dominicano y la Waitt Foundation de National Geographic.

La aparición de los cocodrilos en la zona Este de la isla rompe con la creencia de que en el país unicamente han existido esos reptiles en el suroeste, de manera específica, en el Lago Enriquillo. El cocodrilo americano (Crocodylus acutus) es la especie conocida en el suroeste de República Dominicana y que además está en peligro de extinción. Debido a esto, su presencia se ha visto reducida al Lago Enriquillo, donde algunos científicos consideran que existe una de las mayores poblaciones naturales del mundo.

La cueva en donde se encontraron los fósiles hasta el momento es desconocida por las autoridades. Sin embargo, los moradores del lugar informaron que de ella algunos extraían murcielaguina y otros saquearon artefactos taínos.

Todo comenzó cuando uno de los lugareños contactó al buzo de cuevas e instructor de buceo, Oleg Shevchuk, para avisarle que había un manantial dentro de la cueva que podría ser explorado. Shevchuk se dirigió al lugar y se convirtió en el primer buzo en explorar las aguas de la cueva.

Inmediatamente, Shevchuk le informó sobre la existencia de osamentas al equipo de la Dominican Republic Speleological Society y éstos al explorarla confirmaron la existencia de huesos en el sedimento del manantial.

Ante la situación, la DRSS le mostró fotografías de los fósiles al investigador Renato O. Rímoli, paleontólogo del Museo del Hombre Dominicano y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y se organizó una expedición en compañía de los primatólogos norteamericanos Alfred Rosenberger y Siobhán Cooke, quienes conducen trabajos de investigación en el país con relación a primates. La expedición fue financiada por la DRSS y la Waitt Foundation de National Geographic, esta última se dedica a apoyar de manera financiera estudios de exploración que ayuden a incrementar el conocimiento humano, así como aportar al desarrollo científico de República Dominicana.

Renato Rímoli consideró que este es un hallazgo impresionante para la ciencia en el país y que el siguiente paso es estudiar todas las especies que habitaron y habitan dentro de la cueva, e identificarlas correctamente.

Algunos restos de los cocodrilos junto a pequeñas muestras fósiles de serpientes y murciélagos fueron tomados para realizar las investigaciones correspondientes, explicó Renato Rímoli. El paleontólogo dijo que es muy apresurado decir la especie a la que corresponden los cocodrilos, pero indicó que se estudiarán para tratar sus semejanzas y diferencias con las demás conocidas, fósiles y vivientes, que hay en el lago Enriquillo y otras localidades del área del Caribe.

La entrada de la cueva es muy particular y de difícil acceso. Consiste en una pequeña cavidad justo en un árbol de higo, en donde no puede bajar más de una persona al mismo tiempo por su estrechez. Para llegar al fondo hay que descender unos 13 metros de altura y luego se abre a una gran sala cubierta de guano de murciélagos por todos lados.

Los lugareños construyeron dos escaleras de madera para poder bajar. La visibilidad en la cueva es casi nula, debido a que no penetra la luz solar. Una de las características especiales de la cueva nombrada “Oleg Bat House”, es la cantidad de vida que habita en ella.

“Se podrían contabilizar miles de murciélagos”, dijo Cristian Pittaro, buzo explorador de la DRSS, quien ha quedado sorprendido por la gran cantidad de cavidades en el techo de la cueva, y que funcionan como guarida de los murciélagos. De acuerdo a las observaciones de Rímoli, en la caverna viven al menos cuatro especies de quirópteros, (murciélagos).

De acuerdo al levantamiento de datos realizado por la Dominican Republic Speleological Society, el manantial de Oleg Bat House tiene una profundidad máxima de 10 metros y una extensión de túneles explorados hasta el momento de aproximadamente 2,800 pies. Los restos de tres de los cocodrilos fueron localizados a ocho metros. Con solo acercarse a la superficie se puede observar una cantidad enorme de crustáceos de diversos tipos, uno de las especies, según Rímoli, es del orden de los anfipodos. También habita otra especie de tamaño casi microscópico, que corresponde al grupo de las Pulgas de Agua.

Además de los huesos de cocodrilos, los buzos notaron una gran cantidad de restos de serpientes que podrían ser de diferentes especies esparcidos en todo el sedimento del manantial. “Hay gusanos blancos, esponjas de agua dulce en algunas piedras (reconocidas científicamente como de la familia Spongillidae), explicó Phillip Lehman fascinado por la diversidad de especies que habitan en el fondo del manantial.

Esta cueva sumergida presenta una variedad de túneles oscuros y redondeados con diferentes tonalidades. También posee algunas decoraciones en sus rocas.

 

Hallan huellas de Ornitomimosaurio, un dinosaurios carnívoro de Australia.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 61. Septiembre de 2011.

Los dinosaurios colonizaron todo el planeta durante el Cretácico, e incluso llegaron a la Antártida y otras zonas del hemisferio sur, donde se han encontrado algunos fósiles, cuando el ecosistema era más cálido que ahora. Ahora, un equipo de paleontólogos de la Universidad de Emory (Estados Unidos) ha encontrado más de 20 rastros de huellas muy bien conservados que aportan nuevas pistas sobre la forma de vida de aquellos reptiles hace más de 100 millones de años.

Las huellas fueron encontradas por el paleontólogo Anthony Martin, un experto buscador de rastros, huevos y refugios de estos animales, el pasado 14 de junio, en unas rocas sedimentarias de la costa de Victoria, la remota playa de Milanesia, dentro del Parque Nacional Otways (Australia).

Ya el día anterior había observado unas ondulaciones en las rocas caídas desde el acantilado, que formaban como el refugio de algún insecto. "Esas ondulaciones y madrigueras indicaban que era un terreno sedimentario de aluvión, un lugar propicio para encontrar rastros de dinosaurios polares", explica el investigador.

Y así era. Uno de los bloques contenía cerca de 15 rastros, uno de ellos con tres huellas consecutivas dejadas allí por pequeños terópodos, no mayores que un pollo actual, que se consideran los ancestros de las aves actuales.

Siguiendo por los acantilados, a unas tres horas de camino, encontraron un segundo bloque con ocho rastros más. Algunos eran también de ejemplares pequeños, como los anteriores, pero otros las hicieron terópodos tan grandes como grúas. "Ambos bloques creemos que estaban en el mismo nivel rocoso, que era la superficie por la que caminaron aquellos dinosaurios", apunta Martin.

En total, encontraron huellas de tres tamaños diferentes, que podrían pertenecer a tres especies distintas, pero que también podrían ser un macho, una hembra y su cría, aunque todo son hipótesis.

Esta parte de la costa australiana se sabe que estuvo en el pasado unida a la Antártida. Hace entre 115 y 105 millones de años, la temperatura media de la Tierra era de 10ºC más caliente que hoy, lo que significa que en algunas zonas sí que había meses de frío y oscuridad polar prolongada. En épocas de deshielo, también habría inundaciones torrenciales en los valles de los ríos.

Estas huellas se habrían hecho en verano, en el momento del deshielo, porque la tierra estaba congelada en invierno y no habrían podido dejar allí huellas.

En esta región ya se había encontrado la mejor colección de fósiles de dinosaurios polares del mundo, pero no había casi huellas. Además, en febrero de 2006, Martin encontró el primer rastro conocido de un carnívoro y en mayo de ese mismo año halló otro.

"Es un descubrimiento muy importante porque nos da mucha información sobre las vidas de dinosaurios en ambientes polares hace más de 100 millones de años", apunta Martin a ELMUNDO.es.

"También España es famosa por sus huesos y rastros de dinosaurio, pero allí estaban cerca del ecuador, mientras que los australianos del sur vivían con inviernos fríos y oscuros, así que igual tuvieron un comportamiento estacional [hibernando, como los osos]", especula el investigador.

Martin recuerda que los fósiles indican que fueron activos todo el año. "Como las huellas sólo se preservan si el suelo no está congelado, está claro que estos rastros demuestran que los terópodos bípedos eran activos en el verano. Podrían ser de la clase conocidos como Ornitomimosaurios".

Estos Ornitomimosaurios, muy veloces y que podían ser omnívoros o herbívoros, tenían un aspecto similar a los avestruces y tenían patas con tres dedos, con huellas similares a la que han encontrado Martin y sus colegas.

El equipo de investigación ha estado formado pro Thomas Rich, del Museo Victoria; Michael Hall y Patricia Vickers-Rich, de la Universidad Monash, de Victoria; y Gonzalo Vázquez-Prokopec, de la Universidad de Emory.

 

Descubren una Plesiosaurio embarazada.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 61. Septiembre de 2011.

Durante décadas existió el debate de la forma de reproducción del plesiosauiro, criatura prehistórica usualmente asociada con los monstruos marinos.

Al parecer la respuesta al enigma estuvo oculta por más de 20 años en el sótano del Museo de Historia Natural de los Ángeles (artdaily.org). El fósil del plesiosaurio de 4 metros de longitud que fue recuperado y estudiado por científicos de la institución, lleva en su interior los restos de una cría con 2 tercios de desarrollo de acuerdo al grado de osificación, el proceso que convierte al cartílago en hueso. Para estar seguros de que no se trataba de una presa en proceso de digestión se realizaron diversos estudios que desmintieron esta hipótesis. 

Las implicaciones de este hallazgo podrían echar por tierra todo lo que se creía sobre los dinosaurios y su comportamiento. Luís Chiappe director del Instituto de Dinosaurios de Los Ángeles indica lo siguiente "No sólo hemos averiguado que no ponían huevos, sino que el tamaño de esa cría única sugiere que habrían cuidado maternalmente de ellas después de que nacieran y que tendrían comportamientos sociales complejos, como la formación de grupos" también comenta que este tipo de conducta coincidiría con la de mamíferos marinos como las ballenas o los delfines.

Poly, como se ha bautizado pertenece a una especie que dominaba los mares hace 65 millones de años. Para muchos alrededor del mundo seguro que Poly es prima lejana del famoso Nessy (Monstruo del Lago Ness) y quizás tía de Ogopogo.

 

Encuentran fósiles de la tortuga más antigua de Uruguay.

Publicado en Paleo. Revista Argentina de Paleontología. Año 9. Numero 61. Septiembre de 2011.

En el departamento de Tacuarembó hallaron los restos de una posible nueva especie de tortuga que habitó Uruguay en el período jurásico.

“Seguramente sea de agua dulce, porque en ese momento los ecosistemas favorecían la vida en agua al haber un gran desierto conformado porque América y África estaban unidas en un solo continente”, explicó a Subrayado Daniel Perea, profesor de Paleontología de la Facultad de Ciencias. 

El especialista dijo que seguramente esta especie de tortugas convivía con otros reptiles, ya que fueron encontradas huellas de dinosaurios en la zona.

 

El Tyrannosaurus rex tuvo mejor olfato.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

En una nueva investigación, llevada a cabo por la paleontóloga Darla Zelenitsky (Universidad de Calgary, Canadá) y su colaborador François Therrien, conservador de Paleoecología de Dinosaurios del RTM (Royal Tyrrell Museum), se han obtenido nuevos y reveladores datos sobre el sentido del olfato de dinosaurios carnívoros y aves primitivas. Ésta es la primera ocasión en que se evalúa el sentido del olfato en dinosaurios carnívoros prehistóricos. Los investigadores encontraron que el Tyrannosaurus rex tuvo el mejor olfato de todos los dinosaurios carnívoros, y sus resultados hacen menos creíble la teoría de que el T. rex era un carroñero.

Los investigadores analizaron la importancia del sentido del olfato en varios dinosaurios carnívoros, basándose en el tamaño de su bulbo olfatorio, la parte del cerebro asociada con el sentido del olfato. Aunque los cerebros de los dinosaurios no están preservados, las impresiones que estos dejaron en los huesos del cráneo o el espacio que ocuparon revelan el tamaño y la forma de las diferentes partes del cerebro. Zelenitsky y Therrien midieron y escanearon mediante tomografía computerizada los cráneos de una amplia variedad de dinosaurios, incluyendo el Archaeopteryx, un pájaro primitivo.

Los bulbos olfatorios grandes se encuentran en aves y mamíferos actuales que dependen mucho del olfato para encontrar carne, en animales que están más activos de noche, y en aquellas especies que patrullan por áreas grandes. Aunque el rey de los dinosaurios carnívoros no habría dejado pasar la oportunidad de comer carne de un animal muerto no cazado por él, podría haber utilizado su sentido del olfato para atacar de noche o deambular con eficacia a través de grandes territorios para localizar a su siguiente víctima.

 

Encuentran madrigueras de Oryctodromeus cubicularis y otros dinosaurios de Cretácico.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

Se cree que dinosaurios utilizaban madrigueras para protegerse de violento clima de los polos. En total se encontraron tres con formas similares y un tamaño justo para que quepa el cuerpo de un dinosaurio pequeño. El agujero más grande mide dos metros de largo. Estas madrigueras de 106 millones de años estarían mucho más cerca del polo sur cuando se crearon. Lo que refuerza la idea de que los dinosaurios que vivían en climas fríos y duros se escondían bajo el suelo para sobrevivir.

El primer hallazgo de una madriguera de estas características se hizo hace tres años en Montana, Estados Unidos. En esa oportunidad el agujero encontrado tenía 95 millones de años y contenía los huesos de un pequeño dinosaurio adulto y dos jóvenes de la especie de conocida como Oryctodromeus cubicularis.

Esta vez las nuevas madrigueras las encontró uno de los investigadores que descubrió la de Montana. "Como muchos hallazgos en paleontología, ocurrió gracias a una mezcla de fortuna y conocimiento", explica Anthony Martin, de la Universidad Emory de Atlanta, EE.UU. "En mayo de 2006 hice una excursión por el sitio (del descubrimiento) junto a un grupo de recién graduados con la intención de buscar huellas de dinosaurios", cuenta el paleontólogo. "Encontramos esos rastros, pero mientras estuve por ahí me llamó la atención unas estructuras intrigantes". Así fue como Martin decidió regresar al lugar, conocido como la Cala del Conocimiento a unos 240km de Melbourne, primero en julio de 2007 y después en mayo de este año.

Su primera reacción fue de estupefacción. "Estaba explorando los primeros rastros de fósil y me quedé sorprendido en ver el mismo tipo de estructura que había visto en la piedras de Cretáceos de Montana el año anterior". La estructura original resultó ser la madriguera de un O. cubicularis, que Martin identificó junto a sus colegas David Varricchio de la Universidad de Montana y Yoshi Katsura del Museo de la Prefectura de Gifu en Ciudad Seki, Japón. "Caminar hasta el fósil y ver una impresionante estructura similar, en rocas un poco más antiguas, pero en otro hemisferio, fue un tanto espeluznante", señala.

En la revista Cretaceous Research, Martin explica cómo las tres madrigueras (de las rocas del Otway, que han ofrecido una rica diversidad de fósiles vertebrados) estaban a menos de tres metros de separación. Dos de ellas formaban una semi hélice, que se retorcía dentro de la piedra que una vez fue tierra. La más grande y mejor preservada, apodada túnel A, tiene un doble giro antes de terminar en una cámara más larga. En total tiene más de 2 metros de longitud. Martin calcula que un animal de 10 kilos podría haber hecho las madrigueras.

En la actualidad, los animales que construyen madrigueras son caimanes, coyotes y algunas especies de tortugas y hienas, entre otros. Estos agujeros con formas retorcidas ayudan a evitar que depredadores se metan allí. También mantienen una temperatura y humedad constante.,Martin no está muy seguro de qué especies de dinosaurios hacían madrigueras, pero está sorprendido de cuán similares son a las hechas por los Oryctodromeus cubicularis. Una variedad de pequeños dinosaurios ornithopodos se cree que también vivieron en la zona durante la misma época de los cretáceos. Estos ornithopodos se paraban con sus patas traseras y eran del tamaño de una iguana moderna grande.

Martin aclara que hay varios factores que pudieron haber sido la causa por la que se crearon las madrigueras. El hecho de que fueron hechas por dinosaurios tiene sentido, según expertos. Hace 20 años especialistas en Australia fueron los primeros en proponer que algunos de estos animales podrían haber usado este tipo de agujeros para sobrevivir a un violento clima del que no podían escapar emigrando. "Este hallazgo nos ofrece otro ejemplo de cómo dinosaurios tuvieron que adaptarse de acuerdo al ecosistema", agrega Martin.

"Dinosaurios polares, en particular, debieron tener facultades de adaptación especial para los inviernos de los polos. Uno de ellos era cobijarse en madrigueras. También ofrece una explicación alternativa de cómo pequeños dinosaurios soportaban las condiciones del invierno polar". Martin espera ahora que paleontólogos se empiecen a interesar por la búsqueda de los diferentes tipos de dinosaurios madriguera. En particular por aquellos físicamente adaptados para enterrarse.

 

Un dinosaurio momificado confirma su similitud con reptiles y aves modernos.

  Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

El hombre de Piltdown ha pasado a la historia como uno de los mayores fraudes de la paleontología. Una mandíbula de orangután unida artificialmente al cráneo de un humano actual engañó durante años a los expertos y fue considerado como un nuevo y revolucionario antepasado de 'Homo sapiens'. Todo ocurrió a principios del siglo XX, cuando la tarea de datar un fósil y examinarlo no contaba con la tecnología de hoy en día Si alguien en quien Piltdown haya sembrado la semilla del escepticismo tuviera dudas de la existencia de los dinosaurios, podrá encontrar, en un nuevo estudio publicado en la última edición de la revista británica 'Proceedings of the Royal Society B', evidencias frescas de aquellos animales; evidencias que van más allá de huesos fosilizados o icnitas.

Phillip Manning, del Museo de Manchester, y colegas han realizado un completo análisis de la estructura y composición de tejidos blandos mineralizados (piel, falanges, tendones) que pertenecieron a un hadrosaurio de finales del Cretácico, poco antes del ocaso del largo reinado de sus congéneres sobre la Tierra. Los resultados confirman que la estructura de la piel del reptil prehistórico es igual a la de aves y cocodrilos modernos, sus descendientes. Algo que ya se suponía, pero que se demuestra esta vez con evidencias concretas. Los fragmentos orgánicos del espécimen encontrado proceden de la prolífica formación de Hell Creeks, en Dakota del Norte. El hadrosaurio ('Edmontosaurus sp.') en cuestión ha sido bautizado, pues, 'Dakota'.

Que se encuentren tejidos blandos de tamaña antigüedad no es, pese a ser siempre jugoso para la ciencia, una estricta novedad. La coincidencia de distintos factores ambientales -enterramiento repentino y conservación en entornos pobres en oxígeno- puede permitir que los tejidos orgánicos, destinados, en condiciones normales, a descomponerse rápidamente y desaparecer, puedan durar a lo largo de tiempos extraordinarios.

Pero el estudio sí es novedoso en sus procedimientos. Las evidencias bien aprovechadas pueden llevar a resultados interesantes. "Es uno de los análisis más completos que se han hecho hasta ahora de los restos de un dinosaurio", comenta José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid y el mayor experto en dinosaurios de España. "Se han utilizado muy diversas técnicas de observación para tratar de conocer los mecanismos que han permitido la conservación de estos tejidos", añade.

Las partes blandas encontradas pertenecen a falanges, piel y tendones osificados. La 'autopsia' ha revelado que el hadrosaurio fue enterrado abruptamente en los márgenes arenosos de un río y cubierto de un sedimento fino que envolvió su piel formando una especie de cemento. Aunque el análisis de los restos del animal no ha obtenido proteínas intactas, sí muestra la presencia de estructuras celulares, bloques de aminoácidos que en su día formaron las proteínas. Toda una lección de conservación.

 

Nuevos fósiles del  dinosaurio Nothronychus graffami.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

Casi con seguridad el dinosaurio Nothronychus graffami, descubierto recientemente, no era una belleza: tenía un cuello largo de jirafa con una pequeña cabeza, una barriga redonda como un barril de cerveza y dos piernas como troncos de árbol. Pero además contaba con atemorizantes garras, de 22 centímetros y con forma de guadaña, que probablemente mantenían alejados a sus adversarios, ya que se cree que era herbívoro.

Este dinosaurio, desconocido hasta el momento, es presentado por un equipo internacional de investigadores en torno a Lindsay Zanno, del Museo Field de Chicago, en la revista "Proceedings B" de la Royal Society británica. De acuerdo con el artículo, este espécimen, que lleva el nombre de su descubridor Merle Graffam, pertenece a los therizinosaurios o lagartos guadaña.

El paleontólogo estadounidense encontró el fósil en la meseta Kaiparowits, en las montañas Rocosas del estado norteamericano de Utah, cuando buscaba restos de otro dinosaurio. Éste es el tercer fósil de therizinosaurio encontrado en Norteamérica. Tras compararlo con los otros dos y con sus "primos" asiáticos, el equipo llegó a la conclusión de que todos emigraron al "Nuevo Mundo" desde Asia. De todas formas, los otros dos partieron antes que el Nothronychus graffami, ya que éste último tiene más similitudes con los therizinosaurios asiáticos que con los norteamericanos.

Para sorpresa de los científicos, el fósil del Nothronychus graffami fue hallado en sedimentos marinos, pero los especialistas consideraron posible como explicación que haya muerto en una poderosa tormenta hace unos 93 millones de años y su cadáver fuera arrastrado al mar, donde se hundió a unos 100 kilómetros de la costa de aquella época. De acuerdo con el estudio, en ese entonces Norteamérica tenía un clima subtropical. Los therizinosaurios pertenecen, al igual que el legendario Tiranosaurus rex y el velociraptor, a los terópodos o saurios carnívoros. Sin embargo los therizonosaurios comían plantas, que segaban con sus garras.

 

Hallan la primera huella en España de un estegosaurio.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

El equipo de Aragosaurus, dependiente de la Universidad de Zaragoza, ha encontrado en el yacimiento de icnitas de Valloria , en Soria, la única huella fósil de un estegosaurio que se ha encontrado en la península. La verdadera importancia del hallazgo viene dada por la datación de la huella que la sitúa a principios del periodo Cretácico, hace unos 140 millones de años.

El hallazgo se produjo hace tres meses, pero fue hace un mes cuando se determinó a qué animal correspondía la huella, según explicó Carlos Pascual, uno de los descubridores y responsable del equipo de paleontólogos. Esta especie de dinosaurios, caracterizada por disponer de dos hileras de placas de armadura vertical a lo largo del lomo y una cola rematada por cuatro púas de hueso, se consideraba ligada al periodo Jurásico y se desconocía, hasta la fecha, que hubieran existido en el periodo siguiente.

La verdadera importancia del hallazgo es que desmonta todas las teorías científicas que consideraban demostrado que estos animales se habían extinguido antes de que comenzase el Cretácico. El descubrimiento, que fue llevado a cabo por el equipo de arqueólogos que dirigen Carlos Pascual y Nieves Hernández, dentro de los trabajos de investigación que están realizando en el yacimiento de Valloria es relevante. Las huellas de este animal son especialmente escasas dentro de los registros fósiles, lo que viene a reforzar la importancia del hallazgo.

 

Suminia getmanovi, un pequeño sinápsido del Paleozoico superior.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

El ancestro de los mamíferos había subido a la cima de estas plantas mucho antes de que los dinosaurios dominaran la tierra. Investigadores del Museo Field de Historia Natural en Chicago (Estados Unidos) han identificado el que consideran el primer vertebrado que habitó las ramas de los árboles buscando alimento y huyendo de los depredadores: el Suminia getmanovi, un pequeño herbívoro que vivió hace 260 millones de años. Los resultados del estudio se publican en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Los autores explican que en el Paleozoico Superior, hace 260 millones de años, mucho antes de que los dinosaurios dominaran la tierra, los ancestros de los mamíferos alcanzaron los árboles para alimentarse de las hojas y escapar de los depredadores. Los dedos expandidos, un dedo gordo oponible y una cola prensil en el Suminia getmanovi demuestran que este pequeño sinápsido es el vertebrado escalador de árboles más primitivo.

El Suminia era relativamente pequeño, alrededor de 50 centímetros de la nariz a la punta de la cola. El estilo de vida arbóreo de este pariente paleozoico de los mamíferos es particularmente importante porque por primera vez en la evolución de los vertebrados se alcanzó una nueva fuente de alimentación por encima del suelo y también suponía una protección de los depredadores terrestres. Según los investigadores, la evidencia de este estilo de vida se basa en varios cráneos completos en excelente estado y en más de una docena de esqueletos bien conservados de un único bloque de piedra arcillosa roja que se descubrió en la región de Kirov en el centro de Rusia.

La existencia de muchos especímenes individuales, algunos de individuos maduros y otros de jóvenes, ayudó a los investigadores a conseguir una visión completa de la anatomía del esqueleto de estos animales.  Según explica Jörg Fröbisch, responsable del estudio, "es relativamente raro descubrir varios animales en un único bloque. Tenemos ejemplos de casi todos los huesos de sus cuerpos". Para los científicos fue un descubrimiento inesperado que estos vertebrados alcanzaran los árboles tan pronto en la evolución de la Tierra. "Es una sorpresa, pero tiene sentido. Era un nuevo nicho para los vertebrados. Había comida y podían evitar a los depredadores del suelo", añade Fröbisch.

El estudio también proporciona la primera evidencia en el registro fósil de un reparto de los alimentos entre los pequeños escaladores y los grandes herbívoros que habitaban el suelo y esto se produjo poco después de que se estableciera el ecosistema moderno terrestre con grandes números de herbívoros que daban soporte a unos pocos grandes depredadores.

Según señalan los autores, las comunidades de vertebrados terrestres iniciales no tenían esta moderna jerarquía pero estaban compuestos de depredadores de varios tamaños y relativamente pocos herbívoros; la mayoría de las fuentes de alimentos eran insectos y organismos acuáticos.

 

Descubren fósiles de gusanos marinos gigantes del Periodo Ordovícico de España.

 Publicado en Paleo. Año 7. Numero 38. Agosto de 2009.

Gusanos marinos de un metro de longitud y más de quince centímetros de diámetro, reptaron, hace unos 475 millones de años, por lo que hoy es parte del Parque Nacional de Cabañeros, un área protegida de la provincia de Ciudad Real, en el centro de la península Ibérica. Las huellas fósiles de la época ordovícica inferior de la era paleozoica han sido descubiertas por científicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Geológico Minero y las universidades de Trás-os-Montes e Alto Douro portuguesa y Complutense madrileña.

Se ubican en la garganta del río Estena, que se ha convertido en un rico banco de datos para el equipo multidisciplinar que lidera el paleontólogo del CSIC Juan Carlos Gutiérrez Marco. Gutiérrez Marco explica que hallaron galerías de hasta cinco metros de longitud y de entre quince y veinte centímetros de diámetro, excavadas bajo el fondo marino hace 475 millones de años por organismos desconocidos de cuerpo blando, de los que sólo se fosilizaron las huellas de su actividad. El hallazgo ilustra sobre la presencia de gusanos de tamaño gigante, aunque sus trazas, desde el punto de vista icnológico, sean semejantes a las de poliquetos (gusanos anélidos), cuyos icnofósiles hay por todo el mundo pero que rara vez exceden de veinte milímetros de diámetro. 

"Calculamos que los animales que produjeron estas trazas tenían como un metro de longitud y unos quince o veinte centímetros de diámetro, lo que les convierte, junto con su edad aproximada de 475 millones de años, en los más grandes y los más antiguos de registro geológico paleozoico", afirma el paleontólogo. Las huellas descubiertas en Cabañeros, además de ser de ambiente marino, son las más antiguas relacionadas con gusanos gigantes, tras el descubrimiento realizado este mismo año en materiales del Pérmico superior (260 millones de años) y en agua dulce en el English Riviera Geopark de Devon (Reino Unido). Gutiérrez Marco apunta que en Uheña (Teruel) hay también huellas de gusanos enormes -de diez metros de largo y treinta de ancho-, pero son del jurásico superior, mientras las de Cabañeros son tres veces más antiguas.

Las trazas de Cabañeros "se desarrollan en el plano horizontal y a cierta distancia, diez o quince centímetros, bajo la superficie de lo que hace 475 millones de años fue el fondo marino", señala Gutiérrez Marco. Con el fin de poder estudiar en mejores condiciones el icnofósil y facilitar su contemplación, los investigadores han hecho un molde de las huellas con centenares de kilos de siliconas y resinas.

Eluterio Baeza, conservador del Museo Geominero, que ha dirigido su realización, dice que es "una manera realmente segura de proteger el patrimonio" puesto que la copia perdurará en el tiempo y de ella se podrán obtener tantas réplicas como se quieran. "Si realizas un molde y lo pones en una sala de un museo es mucho más sencillo y puede estar accesible a un mayor número de investigadores", añade. Manuel Carrasco, director del Parque Nacional de Cabañeros, destaca a Efe que "Cabañeros tiene un pasado marino importantísimo", aunque se conozca "relativamente poco", por lo que con estos estudios se pretende "sacarlo a la luz".

Por ello, en los centros de interpretación de Cabañeros se puede acceder a réplicas exactas de los icnofósiles, y el gran reto será el centro de visitantes que se construye en Horcajo de los Montes, donde la apuesta por dar a conocer el pasado marino de Cabañeros será total.

 

Encuentran fósil de Bisonalveus browni,

un extraño mamífero venenoso en Canadá.

Hace sesenta millones de años, se paseaba por las llanuras un mamífero parecido a una musaraña con un sistema de ataque sensacional: un poderoso diente como una daga, que además, tenía veneno.

El fósil del mamífero extinto fue encontrado en Alberta, Canadá, y constituye la primera evidencia de que los mamíferos de la antigüedad usaban un veneno para capturar sus presas y defenderse de sus predadores.

“Tenía mordedura venenosa, y nunca se había descrito algo parecido“, señala Richard Fox en su artículo publicado en la revista Nature. Fox y sus colaboradores encontraron restos de mandíbulas y dientes fosilizados en dos sitios distintos de la región central de Alberta.

“Los venenos son comunes en serpientes y arañas, pero sólo cuatro especies de mamíferos conocidos usan veneno, y es un misterio evolutivo porqué dejaron de usar esta estupenda arma“, asegura Fox.

Bisonalveus browni, como se llama este mamífero parecido a las musarañas, ya había sido encontrado en 1956, se cree que está relacionado evolutivamente con un oso hormiguero moderno llamado pangolin.

 El nuevo hallazgo contiene las zonas dentarias y una fracción más completa del cráneo, lo que permitió a los paleontólogos descubrir las estructuras dispensadoras de veneno.

Los caninos del 'Bisonalveus browni' tenían un característico canal que probablemente administraba veneno desde glándulas especializadas a sus víctimas, muy similar a lo que hoy en día utilizan muchas serpientes venenosas.Este tipo de adaptación de la dentadura no ha sido observada nunca en un mamífero extinto, aunque sí en diversos reptiles.

Hasta ahora, las únicas evidencias que se han encontrado de que los mamíferos pudieran utilizar estos venenos para cazar a sus presas era en animales que tienen saliva venenosa, pero no se había comprobado que alguna especie tuviera conductos para llevar esta saliva hasta la carne de la presa.

En la mandíbula del 'Bisonalveus' se pueden apreciar los caninos con conductos para el veneno. El diente inferior, de mucho mayor tamaño que el superior, tiene una forma curva y alargada que, cuando la boca estaba cerrada, podía retraerse un poco y no molestar.

Sólo unos pocos mamíferos que están vivos en la actualidad, como el solenodonte caribeño, utilizan veneno.

 


Encuentran Colágeno de un Tiranosaurio y de un Mastodonte.

Articulo publicado en forma completa en Paleo. Año 5. Numero 25. Mayo de 2007.

Dos estudios dirigidos por la Universidad del Estado de Carolina del Norte en Raleigh y el Centro Médico Diaconesa Beth Israel en Boston (Estados Unidos) respectivamente y publicados en la revista 'Science' muestran cómo la evolución de las técnicas de estudio de los restos fósiles ha permitido descubrir y analizar restos de colágeno en fósiles que poseen una antigüedad de decenas de millones de año. Los investigadores han detectado una proteína del colágeno en restos óseos de 'Tiranosaurus rex' y mastodonte, un descubrimiento sorprendente, dado que se creía que este tipo de material no se podía preservar en los fósiles.

Los científicos de la película Jurassic Park dependían de un mosquito preservado en ámbar para clonar a estos antiguos animales, pues por mucho tiempo se supuso que las moléculas de proteínas y aminoácidos –entre ellas el ADN– se desintegraban al fosilizarse el tejido blando que las contiene.

Mary Schweitzer, profesora de Paleontología en la North Carolina State University y colaboradora del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, descubrió tejido blando en el fémur de un T. Rex, desenterrado en 2003 del yacimiento Hell Creek, en Montana. El método utilizado para identificar estas proteínas podría revelar vínculos evolutivos entre las especies vivas y las extinguidas.

Los investigadores descubrieron recientemente un fémur de un 'T-rex' en la Formación Hell Creek, al este de Montana (Estados Unidos), que parecía contener tejidos blandos internos que incluían vasos sanguíneos en el hueso. Los investigadores de Carolina del Norte, dirigidos por Mary Higby Schweitzer, han analizado en profundidad estos tejidos utilizando una variedad de técnicas hasta mostrar que los tejidos de dinosaurio desmineralizados contienen colágeno 1, el principal componente orgánico de los huesos.

Los autores proponen que las proteínas podrían haber conseguido preservarse debido a la existencia de radicales libres que provocaron que se unieran de forma irreversible a otras moléculas, manteniendo las proteínas fuera del proceso de fosilización.

En el estudio, liderado por John M. Asara, los investigadores utilizaron una técnica llamada espectrometría de masa para analizar la muestra del 'T-rex' de 68 millones de años así como otras de mastodonte procedente del 'Museum of Rockies' de Montana. En esencia, la espectrometría supone descomponer una muestra en sus componentes de iones y medir sus masas para determinar la constitución química de la muestra.

Los investigadores utilizaron una versión sofisticada de esta técnica en las muestras de ''T-rex'' y mastodonte y compararon los resultados con los datos de colágeno de animales existentes en la actualidad, identificando algunas de las secuencias de péptidos de las proteínas de colágeno antiguas. Por ello, los autores explican que en algunos casos existe la posibilidad de conseguir información genética de especies extinguidas preservadas durante decenas de millones de años.

Pollos y raptores

Los investigadores compararon la proteína de colágeno que descubrieron en el fósil con una base de datos de proteínas homólogas de animales modernos. Las muestras prehistóricas resultaron similares a las de los tritones, las ranas y los pollos.

Los científicos sostienen que estos resultados refuerzan la teoría de que los dinosaurios y las aves son parientes evolutivos, pero advierten que la muestra es demasiado pequeña para dar por ratificada esta teoría.

La teoría, cada vez más popular, de que las aves modernas están relacionadas con los dinosaurios surgió por las similitudes entre sus estructuras óseas.

Fuentes: Editorial Milenio y MegaFauna Web.

 

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