Noticias de Paleontologia 2021; Investigan un Gliptodonte que tiene casi 4 millones de años, una nueva especie para la ciencia. Encontraron restos fósiles de un dinosaurio que podría ser el más grande de la historia. Recuperan fósiles de  Panochthus, el gliptodonte más grande de Santiago del Estero. Científicos dataron con precisión la piel momificada de un perezoso gigante. Por la bajante del río encontraron restos fósiles en Junín. Importantes hallazgos de fósiles en Camet Norte. Restos fósiles de un gliptodonte en las Encadenadas. Hallan fósiles de carácidos, una especie de pez de más de 5 millones de años en Monte Hermoso. Hallan fósiles de un extraño ungulado sudamericano en las costas de Punta Indio y Mar de Ajó. Elorhynchus carrolli, una nueva especie de rincosaurio del Triásico de La Rioja. Federico Agnolin y una nueva mirada sobre el ave gigante Brontornis burmeisteri. Descubren el megaterio más antiguo de Argentina cerca de Miramar. Dan a conocer fósiles de Sorubin, un pez del Mioceno. Presentaron a Ninjatitan zapatai  el titanosaurio más antiguo del mundo. Científicos del Conicet revelan que los trilobites incursionaron fuera del mar. Examinan con rayos X la piel de un perezoso gigante llamado Mylodon. Hallan restos fósiles de un Ictiosaurio en un campo de Malargüe, Mendoza.
 
   

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Noticias de Paleontología 2021.


Hallan restos fósiles de un Ictiosaurio en un campo de Malargüe, Mendoza.

Se trata de una especie del período Jurásico Tardío (entre 163 a 145 millones de años) que habitó un ambiente con grandes lagunas y ríos, donde la cordillera no había tomado las condiciones que tiene hoy. Los ictiosaurios fueron grandes reptiles marinos con aspecto de pez y delfín.

Restos fósiles de un Ictiosaurio fueron hallados en un campo de Malargüe, en el sur de la provincia de Mendoza, en plena cordillera, informó la Coordinación de Promoción e Investigación Patrimonial del municipio situado a unos 420 kilómetros al sur de la capital provincial.

El Ictiosaurio habitó en dichas tierras en el período Jurásico Tardío -entre 163 a 145 millones de años– en un ambiente somero donde la cordillera no había tomado las condiciones que tiene hoy y existían grandes lagunas y ríos que desembocaban en el Océano Pacífico.

En este ambiente, los restos de este dinosaurio, cayeron en el sedimento y se fosilizaron para conservarse hasta la actualidad. Los ictiosaurios fueron grandes reptiles marinos con aspecto de pez y delfín, y el nombre fue creado en 1840 por Richard Owen. El hallazgo fue realizado por un puestero que veranea en la zona, quien dio aviso al área de paleontología de la Coordinación de Promoción e Investigación Patrimonial, quienes son los encargados del rescate de los fósiles mediante la autorización de Patrimonio de la Provincia.

El organismo municipal anunció, además que habilitará un Laboratorio de Paleontología, que procederá a la investigación y conservación de los restos fósiles hallados, donde los visitantes podrán acceder a conocer el trabajo paleontológico, apreciar los restos y conocer la historia prehistórica del departamento malargüino.

Francisco Parada, coordinador del organismo municipal,indicó que se está trabajando para poner nuevamente en valor el Área de Paleontología del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Cultural, con la finalidad de destacar el gran patrimonio paleontológico que tiene Malargüe.

Desde el organismo apuntan a desarrollar nuevas investigaciones y concretar rescates para evitar la degradación de los fósiles hallados en diferentes zonas, los cuales son muchos y de diferentes eras geológicas. Fuente El Federal.


Examinan con rayos X la piel de un perezoso gigante llamado Mylodon.

Científicos del CONICET aplicaron la técnica a un cuero de 13 mil años y observaron dos patrones de ordenamiento en miles de minúsculos huesos que lo recubren por dentro

Tras el impacto de haber logrado determinar con precisión la antigüedad de la famosa piel momificada de un gigantesco mamífero extinto hallada en la Cueva del Milodón, una formación natural ubicada al sur de Chile por una expedición científica del Museo de La Plata (UNLP) a fines del siglo XIX, los mismos científicos avanzaron ahora con la observación minuciosa de las características del cuero, y para eso aplicaron una técnica diagnóstica poco frecuente en el estudio de restos paleontológicos: radiografías. Los resultados del análisis, que acaban de darse a conocer en la revista Journal of Morphology, permiten inferir aspectos hasta ahora desconocidos de la biología y evolución de los enormes perezosos milodontes.

El material tiene 13.200 años y es una porción de la piel de un animal cuyos mayores ejemplares alcanzaban más de una tonelada de peso y tres metros de longitud. Se cree que las condiciones de la cueva en que apareció fueron esenciales para su excelente grado de preservación, teniendo en cuenta que conserva pelos y partes blandas momificadas. Inmersos en su lado interno, una capa de miles de pequeños huesos que oscilan entre el tamaño de una lenteja hasta los 2 centímetros de diámetro acaparó la atención de los autores del estudio, que decidieron someterla a rayos X mediante un equipo portátil de uso veterinario. “Este rasgo del cuero de los perezosos gigantes ya se conocía, pero se consideraba que esas piezas óseas estaban desparramadas al azar, y nosotros descubrimos que están ordenadas según un patrón”, relata Néstor Toledo, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP).

Así, en las cuatro radiografías tomadas, estos osículos –como se conoce a los huesos más pequeños– se mostraron formando hileras o bandas en algunas zonas, y rosetas o estrellas en otras. Al momento de buscar referencias bibliográficas que pudieran complementar estas observaciones, se encontraron con que, sin saberlo, habían aplicado la misma técnica que Wilhelm von Branco, un científico alemán que en 1906 publicó un informe sobre el análisis por rayos X –descubiertos apenas una década antes– a distintas piezas paleontológicas, entre las cuales figuraba, casualmente, otra piel de milodonte que se conservaba en el Museo de Historia Natural de Berlín.

Grande fue la sorpresa de Toledo y sus colegas al encontrar que ya en ese trabajo se reportaban los mismos patrones de ordenamiento en los huesos de la piel que ellos habían notado.

“Superponiendo las radiografías de von Branco con las nuestras, entendemos que las estructuras de rosetas se ubicarían en la zona del lomo y sus alrededores, mientras que las de hileras lo harían en los costados y cerca de las patas. Con esta información, comenzamos a discutir las probables razones funcionales de estas posiciones, pensando a esos huesos como una especie de armadura que habilitara el movimiento”, describe Toledo. Así, permitiría plegarse o arrugarse a aquellas partes del cuerpo que necesitan mayor flexibilidad, como las axilas o el vientre, y otorgaría más o menos rigidez a las otras. Todas estas conjeturas plantearon un nuevo interrogante: ¿por qué motivo tenían estos animales una piel tan gruesa y reforzada con elementos óseos?

“La hipótesis más sólida en cuanto a la función de este esqueleto dérmico está relacionada con la defensa frente a otros organismos: en primer lugar, posibles depredadores, pero también individuos de la misma especie durante combates, como podría ser entre machos para poder aparearse, según la conducta de algunos mamíferos actuales”, explica Alberto Boscaini, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA). Aunque la primera opción arroja algunas dudas respecto a qué especies atacarían a animales de semejante porte, el principal argumento sería de índole evolutiva: los registros más antiguos de osículos en la piel se remontan a otros milodontes del grupo Mylodontini, que vivieron hace unos 10 millones de años y eran bastante más pequeños. “Ellos sí podían ser devorados por marsupiales carnívoros y grandes aves, con lo cual haber contado con una coraza interna sería una gran ventaja. Puede ser que esa estructura se haya heredado sucesivamente a los representantes posteriores, aunque estos hubieran aumentado su tamaño”, apunta el experto.

Ligado a la cuestión de la evolución, aparece otro interrogante, pero que esta vez mira hacia el presente. “En paleontología, recurrir a los animales actuales como clave para entender a los que ya no existen es muy frecuente y se conoce como ‘principio del actualismo’. En este caso, prestamos atención al único mamífero vivo que tiene huesos en la dermis: el armadillo, que precisamente también presenta patrones de organización común con los perezosos del pasado, es decir las rosetas e hileras de osículos”, describe Boscaini.

Si bien para los investigadores esto podría responder a la cuestión puramente funcional vinculada a la rigidez y movilidad necesarias en las distintas áreas del cuerpo ya descriptas, las semejanzas podrían sugerir un patrón de desarrollo compartido, “quizás relacionado a la expresión de los mismos genes”, puntualiza.

Si bien la aplicación de rayos X a la piel momificada fue un procedimiento delicado que requirió la participación de técnicos especializados para poder disparar el equipo sin moverla de la vitrina en la que se exhibe, el antecedente de la misma práctica llevado adelante por von Branco guarda una anécdota muy curiosa: para hacerlo, el científico expuso el cuero conservado en Berlín a vapor de agua hasta ablandarlo del todo y luego lo estiró sobre una superficie lisa sobre la cual tomó las radiografías. “Lo positivo es que aquellas placas tienen una calidad extraordinaria y nos fueron muy útiles para nuestro estudio, pero en verdad se trata de una maniobra impensada para el día de hoy: es prácticamente un ataque a una pieza que es única e invaluable”, explica Leandro M. Pérez, también investigador del CONICET en la FCNyM y otro de los autores del trabajo.

De acuerdo al experto, la sanción de la Ley de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico en 2003 fue muy importante para restringir las posibilidades de manipulación de este tipo de restos o fósiles. “La piel del perezoso que tenemos en el museo local es un verdadero tesoro: es probable que no se vuelva a encontrar algo siquiera parecido. Tiene unos cortes muy profundos e incluso algunos faltantes porque en la década del ’70 se le extrajeron muestras para someterla a la primera datación por radiocarbono, un método que busca la presencia de isótopos de ese elemento químico en los materiales. Hoy en día, aunque esté arrugada y deshidratada, sabemos que no se la debe modificar y así tomamos las radiografías, por eso en muchas áreas los huesitos se ven superpuestos unos con otros”, añade Pérez.. Por Mercedes Benialgo. Fuente Conicet.


Científicos del Conicet revelan que los trilobites incursionaron fuera del mar.

Hallazgos recientes en la cordillera Oriental de Jujuy permitieron determinar que estos animales emblemáticos del Paleozoico, considerados por más de dos siglos como exclusivamente marinos, también pudieron explorar estuarios y, potencialmente, otros ambientes marginales.

Los trilobites son un grupo fósil emblemático de los ecosistemas de la Era Paleozoica que habitaron los mares hace unos 522 millones de años y hasta hace alrededor de 252 millones de años. Estos artrópodos fueron especialmente exitosos al final del período Cámbrico y a comienzos el Ordovícico (entre unos 500 y unos 470 millones atrás), cuando adquirieron su mayor diversidad taxonómica y morfológica. Igualmente características son sus huellas o trazas fósiles, que ofrecen a los especialistas evidencias de su comportamiento e interacción con el medio.

Hasta ahora, los trilobites siempre fueron considerados animales exclusivamente marinos, incapaces de tolerar variaciones de salinidad. Sin embargo, el reciente hallazgo de restos y huellas de estos artrópodos en la cordillera Oriental de Jujuy, en lo que fueron estuarios (ambientes caracterizados por la mezcla de aguas marinas y fluviales) de los primeros períodos del Paleozoico, cuestiona está arraigada premisa paleontológica.

Una investigación multidisciplinaria, publicada recientemente en la revista Proceedings of the Royal Society B y realizada por científicos del CONICET el Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (CICTERRA, CONICET-UNC), junto a colegas argentinos de la Universidad de Saskatchewan (Canadá), permitió documentar que algunas especies de trilobites incursionaron en ambientes de aguas salobres (aquellas que tienen más sales disueltas que el agua dulce, pero menos que el agua de mar), así como también que podían tolerar las fluctuaciones de salinidad propias de diferentes sectores de los estuarios, incluidos aquellos en que las descargas de agua dulce, provenientes de los ríos, tenían mayor incidencia.

“El descubrimiento fue posible gracias a un trabajo que integró el análisis paleobiológico de cuerpos y trazas fósiles con un exhaustivo estudio paleoambiental”, señala Beatriz Waisfeld, investigadora del CONICET en el CICTERRA, especialista en trilobites y reconstrucción de ecosistemas paleozoicos, y una de las autoras del trabajo.

Los estuarios son ambientes inestables donde tienen lugar complejos procesos inducidos por el oleaje, las mareas y los ríos. La identificación de estos ambientes en el registro geológico no es sencilla y requiere detallados análisis de los depósitos sedimentarios

“En las sucesiones sedimentarias de la cordillera Oriental de Jujuy reconocimos el desarrollo de dos estuarios clave para nuestra investigación. En el más antiguo -correspondiente al Cámbrico Superior, de aproximadamente unos 486 millones de años-, denominado Miembro Pico de Halcón, se hallaron, en la porción más cercana al mar, restos del trilobite Neoparabolina frequens argentina y la traza fósil Cruziana semiplicata. En el estuario más joven –de unos 467 millones de años antigüedad (Ordovícico Medio)- conocido como la Formación Alto del Cóndor, están presentes, a través de todo el estuario, la especie Ogyginus sp. y la traza fósil Cruziana rugosa”, afirma la primera autora del trabajo, Gabriela Mángano, investigadora del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Saskatchewan, quien entre 1998 y 2007 formó parte de la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) del CONICET.

De acuerdo con Waisfeld, estos distintos descubrimientos constituyen evidencias de que los trilobites tenían la capacidad de incursionar en ambientes no marinos y de tolerar condiciones de agua salobre, así como de que estas posibilidades se dieron de manera independiente en grupos que no tenían una relación de parentesco cercana entre sí.

“Las causas por la que algunos trilobites se aventuraron fuera del mar son todavía enigmáticas. Evaluamos tanto la posibilidad de que habitaran ambientes de agua salobre en forma permanente como que migraran periódicamente para beneficiarse de las oportunidades ecológicas que ofrecían otros biomas. En este último caso podrían haber aprovechado las cuñas salinas que se desarrollan por la diferencia de densidad entre el agua salada y dulce y que se desplazan en dirección al continente, tal como ocurre en estuarios actuales como el del Río de la Plata”, explica Mángano.

Sin embargo, los trilobites que lograron internarse prácticamente hasta las cabeceras del estuario (áreas cercanas a los ríos) habrían tenido que enfrentar condiciones de notable estrés fisiológico relacionado a la disminución de la salinidad y a sus frecuentes fluctuaciones. “Posiblemente, hayan hecho un uso exploratorio u ocasional de estos ambientes. La estrecha asociación de los restos de Ogyginus con la alta densidad de trazas de Cruziana sugiere que estas incursiones podrían haber sido hechas con fines de alimentación. También es probable que estos grupos de trilobites hayan desarrollado un comportamiento migratorio asociado a alguna etapa de su ciclo de vida, como podrían ser la reproducción, el crecimiento o la búsqueda de alimento o refugio”, señala Waisfeld.

Las científicas consideran que es posible que la visión tradicional de que los trilobites son animales exclusivamente marinos haya conducido a interpretar depósitos de ambientes someros del Paleozoico inferior como marinos, debido a la simple presencia del grupo. En este sentido, esperan que este nuevo aporte estimule investigaciones más profundas de la fisiología y flexibilidad ecológica de este grupo extinto, al tiempo que promueva un análisis crítico de los depósitos portadores desde el punto de vista paleoambiental, no sólo en Argentina, sino también en otras regiones del mundo. Fuente: Conicet.


Presentaron a Ninjatitan zapatai  el titanosaurio más antiguo del mundo.

Paleontólogos presentan en sociedad a Ninjatitan zapatai, un nuevo titanosaurio de la Patagonia que pasa al salón de la fama entre estos colosos que pisaron la Tierra por ser el más antiguo de su grupo. Este animal, de unos 20 metros de longitud, tiene 140 millones de años de antigüedad, por lo que evidencia que los titanosaurios se originaron a comienzos del periodo Cretácico.

La Patagonia vuelve a dar un extraordinario registro de un saurópodo titanosaurio. Hasta ahora, no se conocían estos gigantescos cuadrúpedos con una antigüedad superior a los 120 millones de años, por lo que el hallazgo de Ninjatitan zapatai tiene una gran relevancia para el conocimiento de la historia evolutiva de este grupo y del Cretácico inferior.

El doctor Pablo Gallina, investigador de la Fundación Azara en la Universidad Maimónides y del CONICET, indicó a la Agencia CTyS-UNLaM que “la mayor importancia de este fósil, más allá de que es una nueva especie de titanosaurio, es que se trata del registro más antiguo a nivel mundial para este grupo”.

“Este descubrimiento es muy importante también para el conocimiento de la historia evolutiva de los saurópodos, porque los registros fosilíferos de comienzos del Cretácico, hace unos 140 millones de años, son realmente muy escasos en todo el mundo”, indicó el autor principal del estudio publicado hoy en la revista científica Ameghiniana.

Respecto al hallazgo de Ninjatitan en la Formación Bajada Colorada, al sudeste de Neuquén, el doctor Juan Ignacio Canale, investigador del Museo Municipal de Villa El Chocón y del CONICET, afirmó que “en el año 2014, el técnico Jonatan Aroca realizó el primer hallazgo de una escápula muy completa de este animal y ahí notamos que se trataba de un descubrimiento muy importante y preparamos todo para poder seguir trabajando el año siguiente en ese estrato”.

“En la siguiente campaña, aparecieron tres vértebras y algunos huesos de sus patas traseras; una parte del fémur y lo que sería su peroné”, precisó Canale. Y agregó: “Ahí comenzó la preparación de los materiales en el Museo de Villa El Chocón. Hasta ese momento, sabíamos que se trataba de un saurópodo, pero al realizar el estudio detallado de las relaciones filogenéticas, de las relaciones de parentesco de este animal con otras especies conocidas, es que nos dimos cuenta que pertenecía al grupo de los titanosaurios, por lo que la importancia de este descubrimiento era aún mucho mayor de lo que habíamos imaginado en un comienzo”.

El doctor José Luis Carballido, investigador del Museo Egidio Feruglio y del CONICET, fue quien se encargó específicamente del análisis de estas relaciones filogenéticas. “Los doctores Pablo Gallina y Juan Canale me contactaron ya con los materiales preparados y con la idea acabada de que se trataba de una nueva especie que estaría muy probablemente relacionada con los titanosaurios, pero faltaba terminar de resolver donde se ubicaba Ninjatitan dentro de la evolución de los saurópodos”.

“A priori, por la antigüedad de este material, de 140 millones de años, se podía suponer que se trataba de una forma previa al origen de los titanosaurios, porque en la Patagonia solo de conocen titanosaurios de menos de 120 millones de años antes del presente”, afirmó Carballido.

Pero el estudio reveló que Ninjatitan zapatai se trataba de un titanosaurio, por lo que pasaba a ser el más antiguo del mundo con decenas de millones de años de diferencia. “Este análisis filogenético se realizó con un amplio muestreo no solo de formas de titanosaurios, sino también de formas cercanas y más basales al origen de los titanosaurios”, indicó el investigador del MEF.

“Con este resultado final de que Ninjatitan formaba parte de la familia de los titanosaurios, se hizo mucho más importante este descubrimiento, porque no solo representa a la especie más antigua de titanosaurio, sino que nos permite conocer mucho más sobre el origen de este grupo”, valoró el doctor Pablo Gallina.

Ninjatitan representa un nuevo shock, un nuevo golpe al conocimiento sobre los titanosaurios. Y se suma al equipo de los titanosaurios de la Patagonia que han asestado fuertes apariciones en los últimos tiempos: en 2017, se dio a conocer al titanosaurio más grande del mundo, Patagotitan mayorum, oriundo de la provincia de Chubut; y, hace pocas semanas, se dio a conocer el hallazgo de otro titanosaurio en la provincia de Neuquén que incluso podría superarlo en tamaño. 

Ninjatitan da así un nuevo golpe. Sin embargo, su nombre no tiene ningún tipo de vinculación a los movimientos que podía realizar en vida y, desde luego, este herbívoro cuadrúpedo no contaba con habilidades para el desarrollo de un arte marcial. Su nombre fue dado en reconocimiento al investigador argentino Sebastián Apesteguía, apodado como “El Ninja” desde sus inicios en la paleontología.

“Sebastián Apesteguía fue quien tuvo la idea de ir a la localidad Bajada Colorada en 2010, a partir de una recomendación del geólogo Hector Leanza, debido a la extensión del sitio y sus características geológicas, pero que nadie había visitado en busca de vertebrados fósiles”, relató el investigador Canale.

Actualmente, Pablo Gallina y Juan Canale dirigen las investigaciones en dicha formación, pero el doctor Apesteguía siempre tienen participación en el trabajo de campo y en el estudio de los materiales que de allí provienen. Canale destacó que “es un enorme paleontólogo que ha trabajado muchísimo en diversos yacimientos, con una amplia trayectoria en la paleontología y en la divulgación de la ciencia y, por ello, también nos pareció muy justo dedicarle esta especie a él”.

En tanto, el nombre específico de la especie -zapatai-, está dedicado a Rogelio Zapata, técnico del Museo de Villa El Chocón desde mediados de la década del 90 y partícipe en todos los trabajos de campo que se realizaron en Bajada Colorada desde 2010.

La Formación Bajada Colorada pertenece al comienzo del período Cretácico, el cual se inició tras la extinción con la que se marca el final del Jurásico. “El cambio de períodos geológicos siempre está marcado por grandes extinciones, pero, puntualmente, los grupos de dinosaurios de los cuales surgirían los titanosaurios no se vieron afectados por este cambio; de hecho, hay titanosauriformes desde el Jurásico Superior, como los braquiosaurios o sus parientes que pasaron sin problema ese límite, tanto en lo que es actualmente Argentina como en otras partes del mundo”, explicó el paleontólogo Gallina.

Durante la historia evolutiva, el grupo de los saurópodos tuvo distintos momentos, distintos pulsos de gigantismo, los cuales no solo estuvieron relacionados al grupo de los titanosaurios. En este sentido, el doctor Gallina ejemplificó que “hubo grandes animales hacia finales del Jurásico, como el Apatosaurus y el Brachiosaurus; y, ya en la línea de los titanosaurios, el pulso con los mayores gigantes se produce hacia mediados del Cretácico, con especies como el Patagotitan, el Argentinosaurus y el Notocolossus.

En Bajada Colorada, se puede observar el principio del período Cretácico, un momento de la historia evolutiva del cual no se cuenta con muchos registros. Por ello, los investigadores que trabajan allí destacan que cada cosa nueva que encuentran es absolutamente novedosa. “Allí, hemos encontrado también distintos grupos de dinosaurios carnívoros y otros grupos de dinosaurios herbívoros”, mencionó el investigador de la Fundación Azara y del CONICET.

A partir del hallazgo de Nijatitan zapatai y de su estudio publicado en la revista Ameghiniana bajo el título “The earliest known titanosaur sauropod dinosaur”, se refuerza la idea de que los titanosaurios tuvieron un origen gondwánico -en el supercontinente del sur conformado por lo que es actualmente Sudamérica, Africa, la India, Australia y la Antártida-. Previamente, se había planteado el origen gondwánico para este grupo desde la teoría, pero, a partir de este descubrimiento, se cuenta con material que sustenta dicha idea. Ilustración Jorge González. Fuente; Agencia CTyS-UNLaM


Dan a conocer fósiles de Sorubin, un pez del Mioceno.

Los investigadores Sergio Bogan y Federico Agnolín de la Fundación Azara, la Universidad Maimónides, CONICET y el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", dieron a conocer los primeros fósiles de un cucharón del género Sorubin.

El artículo fue publicado en Annales de Paléontologie, revista científica que se publica de forma periódica desde hace más de cien años en París, Francia.

Los restos descubiertos corresponden a gran parte del cráneo de un pez cucharón o pico de pato procedente de la provincia de Entre Ríos y que tienen una edad cercana a los 10 millones de años. Un bagre pariente cercano del surubí, un pez que integra una familia de grandes bagres que evolucionaron íntegramente en los ríos Sudamericanos.

Se conocen varias especies, muy similares entre si, que hoy en día se distribuyen desde Colombia y Venezuela hasta el Río de la Plata en Argentina. Se trata de peces ictiófagos, o sea que se alimenta de otros peces. Como su nombre lo indica, tienen la cabeza larga y aplanada, con los maxilares más anchos y largos que la mandíbula.

<<<Imagen de archivo.

Esta parte del hocico se proyecta tan hacia adelante que los pequeños dientes superiores quedan fuera de la boca del pez. Este rasgo le confiere un hocico que recuerda superficialmente al aspecto de una gran cuchara o el pico de un pato. Otra característica de estos peces son los ojos pequeños y dispuestos lateralmente.

Pese a que hoy presentan una gran distribución geográfica y se han reconocido varias especies es poco lo que conocemos sobre el pasado de estos peces. Por ello este hallazgo fósil reviste un especial interés. El registro paleontológico de estos peces es importante porque no solo llena baches en la historia evolutiva casi desconocida del grupo, sino también, ayudan a entender la enorme diversidad que en el pasado habitaba la paleo-cuenca del río Paraná. Fuente Fundación Azara.


Descubren el megaterio más antiguo de Argentina cerca de Miramar.

Un grupo de investigadores dieron a conocer el hallazgo del megaterio más antiguo conocido. Se trata de un ejemplar juvenil de más de 3,5 millones de años, hallado en San Eduardo del Mar.

Un equipo interdisciplinario que incluye investigadores del LACEV, Fundación Azara, Museo de Ciencias Naturales de Miramar, Centro de Geología de Costas y Cuaternario de la UNMDP y el Laboratorio de Paleontología de Vertebrados (CICYTTP) dieron a conocer el hallazgo de un cráneo de megaterio de una antigüedad que supera los tres millones y medio de años, durante el Plioceno de la región pampeana.

El ejemplar fue encontrado en la localidad de San Eduardo del Mar, muy cerca de la ciudad de Miramar, en el sector costero y estudiado recientemente  por los investigadores que presentaron el estudio de este hallazgo son Nicolás R. Chimento, Federico L. Agnolin, Diego Brandoni, Daniel Boh, Mariano Magnussen, Francisco De Cianni y Federico Isla.

El megaterio fue un enorme perezoso terrestre que alcanzó los 5 metros de longitud y las 6 toneladas de peso (comparable a los más grandes elefantes!). Su hocico era estrecho y tendría una larga lengua con la que arrancaría las ramas vegetales que constituían su alimento.

<<< Cráneo del megaterio mas antigua de Argentina. Vivió hace mas de 3 millones de años y se trata de un ejemplar juvenil. Colección del Museo de Ciencias Naturales de Miramar.

Su extraña anatomía, grandes garras y tamaño descomunal hacen del megaterio un animal misterioso, y como tal, ha despertado curiosidad entre los investigadores. Algunos especialistas creen que podría haber sido carnívoro y que utilizaba sus grandes garras para apuñalar a sus presas, e incluso que pudo haber sido casi enteramente pelado como los elefantes y rinocerontes.

Los restos de megaterio son muy comunes en casi todo el territorio argentino, sin embargo, esta es la primera vez que se encuentran restos de tan alta antigüedad, que solo es comparable a un hallazgo realizado hace algunos años en Bolivia.

La existencia de un megaterio tan antiguo en las planicies pampeanas nos muestra que la historia de estos enormes perezosos aún es casi desconocida, y es posible que los megaterios hayan tenido una historia mucho más compleja de lo que se cree.


Federico Agnolin y una nueva mirada sobre el ave gigante Brontornis burmeisteri.

El Dr Federico Agnolin,  es  integrante del  Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados, en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”-CONICET, y Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, Departamento de Ciencias Naturales y Antropología, CEBBAD–Universidad Maimónides, y prácticamente nos tiene acostumbrados semanalmente,  a publicaciones científicas de la más alta calidad, y de los más diversos temas y contribuciones en el campo biológico y paleontológico.

Un nuevo estudio de la posición filogenética de Brontornis burmeisteri,  coloca a esta enorme ave como un integrante de los Galloanserae , relacionado cercanamente a las extintas Gastornis del hemisferio norte.

Brontornis burmeisteri, se conoce a partir de huesos, principalmente de las patas y los pies, pero también por algunas piezas de cráneo y columna vertebral, que se encuentra en varias localidades argentinas. burmeisteri fue la especie más grande de su grupo, con una altura de alrededor de 2,80 metros y un peso estimado de 350-400 kg

Tras re-codificar matrices de datos con aves extintas, los análisis filogenéticos (de relaciones de parentesco) sugiere que Brontornis era un miembro del grupo de los Galloanserae  y no un ave del terror, como se había propuesto durante décadas.

Esto significa que esta ave, representaría una radiación fantasma y hasta ahora desconocida de aves herbívoras gigantes en Sudamérica, provenientes del hemisferio norte, o bien, de la Antártida. Siendo lo más probable la dispersión desde el norte, por su parentesco con Gastornis, un género de aves del Eoceno.

Brontornis burmeisteri fue un ave dominante de la Patagonia durante el Mioceno, viviendo a la par de grandes animales, como el mamífero similar a los tapires, el  Astrapotherium y el depredador Thylacosmilus (un marsupial con dientes de sable). Convivió con algunas aves del  terror más pequeño y activos como Phorusrhacos; pero aparentemente se extinguió antes de la aparición del inmenso Argentavis, la mayor ave voladora de la que se tiene constancia.

Como abran observado, este mes de febrero, fueron varias las contribuciones de Agnolin a la paleontología sudamericana, veremos que nos prepara para la próxima semana. Un ejemplo de profesional y buena persona destacado por sus pares. Imágenes de archivo.


Elorhynchus carrolli, una nueva especie de rincosaurio del Triásico de La Rioja.

Investigadores hallaron una nueva especie de rincosaurio, un animal cuadrúpedo y herbívoro de unos tres metros de longitud que compartió hábitat con los primeros dinosaurios. El descubrimiento se produjo en el Parque Nacional Talampaya, al centro-oeste de la provincia de La Rioja.

Un equipo de paleontólogos argentinos dio a conocer a Elorhynchus carrolli, un reptil herbívoro que vivió hace 230 millones de años. El nombre de esta nueva especie fue dado en homenaje y en memoria de la bióloga Eloisa Argarañaz, quien participó de las campañas en las que se produjo este hallazgo.

El descubrimiento se realizó en la Formación Chañares, en La Rioja. El doctor Martín Ezcurra, uno de los jefes de la Sección Paleontología de Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) e investigador del CONICET, indicó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se encontraron fragmentos del cráneo de esta nueva especie, incluyendo premaxilar, maxilar y dentario, parte del sacro, las primeras vértebras de la cola y parte de la cadera”.

“El cráneo tiene una dentición muy especializada compuesta por numerosas hileras de dientes y un pico óseo en el hocico que le podría haber servido para el procesamiento del alimento previamente a ser tragado, a diferencia de lo que sucede en la gran mayoría de los reptiles”, especificó Ezcurra, autor principal del estudio publicado recientemente en la revista científica Journal of Systematic Palaentology.

Los rincosaurios tenían sus patas hacia los costados de su cuerpo y la panza cercana al piso, de forma semejante a los lagartos overos que viven actualmente. Estos animales eran herbívoros y tienen un lazo de parentesco lejano con los cocodrilos y dinosaurios.

<<<Posible aspecto de Elorhynchus carrolli.

“Los restos hallados pertenecen a varios individuos, que fueron recolectados en diversas campañas realizadas en Talampaya durante la última década y a partir de los cuales pudimos reconocer que se trataba de una nueva especie”, comentó el paleontólogo Lucas Fiorelli del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica de La Rioja (CRILAR-CONICET).

La doctora Julia B. Desojo, investigadora del CONICET en la División Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata (MLP-UNLP) y directora del grupo Archosauriform Research Group (ARG), indicó: “Somos un equipo de trabajo que está cumpliendo 10 años y está compuesto por investigadores, becarios y técnicos de distintas instituciones del país”.

“Nos especializamos en el estudio de la evolución de los arcosauriformes, tanto en lo que es su anatomía, sus relaciones de parentesco, en sus patrones evolutivos y en todo lo que es paleobiología, es decir, en cómo todos estos animales cumplían roles en las comunidades continentales triásicas de América del Sur y del mundo”, contó Desojo.

En este sentido, el doctor Ezcurra afirmó que “cuando aparecen las primeras faunas de dinosaurios, los rincosaurios eran formas muy abundantes; de hecho, en el Valle de la Luna, en San Juan, donde se registraron algunos de los dinosaurios más antiguos que se conocen, los rincosaurios son los animales más abundantes que había en ese momento”.

<<<Esqueleto del rincosaurio Scaphonyx , similar a Elorhynchus carrolli.

“Entonces, se conocen muchos ejemplares de rincosaurios en Argentina, pero todos ellos pertenecen a una especie que se llama Hyperodapedon ischigualastensis y ésta era la única especie conocida en nuestro país hasta ahora que dimos a conocer a Elorhynchus carrolli, la cual es más antigua y la podemos distinguir por ciertas características en su cadera y en las primeras vértebras de la cola”, precisó el investigador del MACN.

Esta especie nueva de rincosaurio permite poder conocer mejor la temprana evolución de este grupo en el noroeste argentino. “En particular, permite observar cómo se produjo la transición de los rincosaurios que vivieron antes del surgimiento de los primeros dinosaurios hasta los rincosaurios que llegaron a convivir con estos reptiles desde los 233 millones de años hasta que se extinguieron hace unos 227 millones de años”, mencionó el doctor Ezcurra.

“A su vez, esta especie nos ayuda a establecer mejor las correlaciones temporales entre la Formación Chañares y otras formaciones del mundo, principalmente del hemisferio sur, para el Triásico, porque esta especie está muy cercanamente emparentada con especies del sur de Brasil, de Tanzania y de la India, los cual indica que estas formaciones tenían edades aproximadamente similares”, agregó.

Elorhynchus carrolli, a su vez, es la primera especie de animal nueva publicada para la Formación Chañares en los últimos 22 años. La mayoría de las especies fueron descritas entre las décadas de los 60 y 70. Y, a fines del siglo XX, otras dos especies fueron dadas a conocer de este yacimiento.

Además de los doctores Martín Ezcurra, Lucas Fiorelli y Julia B. Desojo, también participaron de esta publicación en la revista Journal of Systematic Palaentology la doctora Jimena Trotteyn del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de San Juan y del CONICET y el doctor Agustín Martinelli del MACN y del CONICET. Fuente; Emanuel Pujol (Agencia CTyS-UNLaM) –


Hallan fósiles de un extraño ungulado sudamericano en las costas de Punta Indio y Mar de Ajó.

Luego de la extinción de los dinosaurios, hace unos 65 millones de años de antigüedad, América del Sur quedó aislada de otros continentes durante mucho tiempo hasta reconectarse con América del Norte mediante el surgimiento del Istmo de Panamá.

Durante todo el tiempo de aislamiento, en Sudamérica los mamíferos evolucionaron separadamente a los de otros continentes y esto resultó en varios tipos únicos. Uno de ellos es el de los conocidos científicamente como preoterotéridos. Los proterotéridos fueron mamíferos con cascos (conocidos comúnmente como ungulados) que tenían un solo dedo en cada una de las patas, al igual de lo que ocurre con los caballos. Los proterotérdiso adquirieron este rasgo de manera paralela a los caballos y lo perfeccionaron aún más: a los lados del dedo central de las patas, en los caballos aún existen los relictos de los otros dedos; en los proterotéridos esos dedos ya habían desaparecido por completo.

Los proterotéridos fueron mamíferos corredores del tamaño de un ciervo que fueron muy abundantes, especialmente en la Patagonia. Hace unos 3 millones de años, por motivos desconocidos, los proterotéridos sufren una gran extinción y con solo dos especies sobrevivientes distribuidas en Brasil, Uruguay y Norte y Centro de Argentina. Los investigadores pensaron que su ausencia en la Región Pampeana se debía a que eran exclusivos de ambientes arbolados o con arbustos.

Recientemente, investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales y Fundación de Historia Natural Félix de Azara, dieron a conocer los restos de proteróteridos encontrados en las costas de Punta Indio y Mar de Ajó. Los investigadores descubrieron los restos rodados en la playa y reconocieron que los de Punta Indio tienen una antigüedad aproximada de dos millones y medio de años, mientras que los de Mar de Ajó, tienen unos 40.000 años. Estos restos muestran que los proterotéridos estuvieron presentes en varias localidades distantes de la provincia de Buenos Aires, y muestran que hipótesis previas estaban erradas.

En Punta Indio, junto con el proterotérido, fueron encontrados restos variados de toda una fauna hoy en día desaparecida, incluyendo perezosos gigantes, gliptodontes, armadillos de gran tamaño, osos, grandes guanacos, pecaríes y muchos otros animales de gran tamaño conocidos en conjunto como megafauna.

Todos ellos, incluyendo los proterotéridos desaparecieron hace unos 10.000 años antes del presente. Su desaparición es aún tema de debate. En aquel momento ocurrió un cambio climático, que hizo al clima más benigno y húmedo. Este cambio habría afectado negativamente a todos aquellos megamamíferos que estaban bien adaptados al clima frío y seco típico de la “Era del Hielo”. Más aún, la llegada de los primeros hombres al continente en aquel mismo tiempo, habría también afectado negativamente a esos mamíferos, debido a la sobrecaza.

Este nuevo estudio es una importante contribución al entendimiento y estudio de los mamíferos fósiles argentinos.  En este estudio participaron los investigadores Federico Lisando Agnolin, Nicolas Roberto Chimento y Marcelo R. Bruyere. Reconstrucción realizada por Sebastián Rozadilla. Fuente; Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados


Hallan fósiles de carácidos, una especie de pez del Plioceno de Monte Hermoso.

El Museo “Carlos Darwin”, de Punta Alta y Pehuen-co, en el sur de la provincia de Buenos Aires, conserva colecciones valiosísimas del pasado de la región Pampeana. Entre los materiales que custodia se encuentra un conjunto diverso de fósiles provenientes de la conocida localidad de Farola de Monte Hermoso (Plioceno inferior).

Este sitio tiene depósitos sedimentarios fluviales que indican que en el pasado había un gran río posiblemente vinculado con el sistema de cuencas del Colorado-Macachín. En estos sedimentos fluviales se preservaron restos de distintas especies de peces, como grandes percas hoy extintas (Plesiopercichthys dimartinoi), varios tipos de bagres, incluyendo trichomicterinos; y restos de pequeños carácidos, un grupo de peces que comúnmente conocemos con el nombre de mojarras o lambarí.

Pese a que en la actualidad los carácidos forman parte de uno de los grupos de peces mas diversos del mundo (con más de 1000 especies vivientes), es muy poco lo que se sabe sobre su registro fósil. Los ejemplares de carácidos descubiertos en la Farola de Monte Hermoso son los más antiguos que se conocen para la región pampeana y tienen una combinación de rasgos anatómicos muy particulares.

<<<Aspecto de un caracido en la actualidad, semejante a los del Pliocenio.

Debido a que solo se pudieron recuperar unos pocos huesos de las mandíbulas, no fue posible ajustar la identificación más allá del nivel familiar, sin embargo los resultados obtenidos son prometedores y constituyen un pequeño avance para entender mejor la historia de estos pequeños peces.

El artículo fue publicado en la revista francesa Comptes Rendus Palevol por investigadores de la Fundación Azara, Universidad Maimónides, el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” y la Fundación Miguel Lillo.

Cita de la publicación: S. Bogan, F.L. Agnolin y J.M. Mirande (2021). Fossil record of a Characiform in the Monte Hermoso Formation (lower Pliocene), Buenos Aires, Argentina. Palaeobiogeographical implications. Comptes Rendus Palevol, 20(4): 49-55. https://doi.org/10.5852/cr-palevol2021v20a4


Restos fósiles de un gliptodonte en las Encadenadas.

Lo dijo el arqueólogo Fernando Oliva, responsable de nuestra zona del Centro de Registro Arqueológico y Paleontológico de la Dirección Provincial de Preservación Patrimonial al ser consultado por Reflejos sobre los restos fósiles encontrados hace unos días atrás por el vecino Manuel Bros en la isla de la laguna las Encadenadas, donde se ubica el Club de Pesca y Turismo Pigüé.

 “En principio serían restos paleontológicos de megafauna extinta que vivió en nuestra pampa por dos o tres millones de años. Hay diferentes especies. Por las fotos que nos enviaron de las capas dérmicas del animal, esto nos podría indicar la presencia de una animal que vivió hace bastante tiempo en la región, lo cual es sumamente interesante y atractivo. Alguna de estas especies convivieron con el Hombre, cazador y recolector hace ocho, nueve y diez mil años en las pampas; pero hay algunas otras especies que tiene mucho más tiempo, incluso hasta dos o tres millones de años” señaló Oliva.

Al referirse a la fisonomía del animal al que podrían pertenecer los restos, el arqueólogo explicó “Es como una mulita o un peludo pero mucho más grande que tienen las placa de estos animales pero mucho más grande y de otras formas que son características y cada forma indica la especie de qué se trata; entonces teniendo en cuenta esas placas, estamos hablando de animales que pueden ser de un metro de diámetro de grande hasta dos metros y medio o tres. Eso no se va a saber hasta que uno excave en el lugar.”

Respecto de la variedad de gliptodontes que habitaron esta zona, Fernando Oliva detalló “En términos biológicos no es que la mulita descienda de estos gliptodontes sino son parientes porque tienen antepasados en común. Algunas de estas especies se extinguieron en el tiempo por muchas causas: los ambientes cambiaron, con mayor pastizal u otro tipo de circunstancia, no fueron adaptados. Hay varias hipótesis sobre el tema, pero lo interesante es que vivieron en nuestro lugar e incluso algunos de ellos vivieron con los primeros grupos humanos que habitaron en estos lugares. Dentro de estos gliptodontes tenemos diferentes especies. Habría que ver a cuál corresponde.”

Sobre los próximos pasos a dar para la preservación del lugar que garantice la investigación de los restos paleontológicos, el arqueólo Oviva anticipó “Estamos trabajando con la secretaría de cultura municipal para tratar de intervenir en el lugar, dar una mejor respuesta y evaluar si hay que extraerlo o dejarlo allí porque generalmente ocurre que a vece se extraen los restos y después quedan arrumbadas en algún galpón. Entonces la idea es hacer un proceso que tenga un principio y un fin para que la comunidad pueda aprovecharlo porque estas cuestiones también son educativas. Poner la mirada hacia el mismo lugar pero en una profundidad temporal hace que empecemos a ver otro tipo de cuestiones en el mismo espacio, respetando y valorándolo un poco más. Para esto sirve la arqueología y la paleontología” afirmó el profesional.

 “Mi idea es hacer una visita al lugar para realizar un diagnóstico y en base a eso definir qué se va a hacer: si se excava o se va a dejar en el lugar y de qué manera. Sea cual sea la decisión, creo que el distrito de Saavedra cuenta con diferentes lugares – como por ejemplo museos – en los que se podrían exhibir estos restos o se podrían dejar y armar un centro de interpretación en el lugar. Se me ocurren varias cosas pero independientemente de si se sacan o se dejan se puede también contar esta historia a través de carteles” opinó Oliva.

Además, el arqueólogo subrayó la importancia de que toda la comunidad se comprometa en el cuidado de dichos restos, enfatizando que no son hallazgos comunes y permiten resignificar el lugar.

 “Este es un recursos patrimonial no renovable. Muchas veces la gente cree que se saca una placa y se la lleva, total se excava, pero si se saca se rompe y nunca más lo recuperamos, porque para nosotros es muy improtante el contexto, el sedimento en donde está enterrado. No es lo mismo que después nos digan que estaba en tal o cual lugar, por eso articulamos con la municipalidad para que se coloquen carteles indicando la imporancia del lugar y que ya va a ser estudiado. Esto hay que cuidarlo entre todos porque este tipo de hallazgos, si bien no son únicos, tampoco se dan todos los días” finalizó Fernando Oliva. Fotos del yacimiento: gentileza de Gino Ciarlantini. (Semanario Reflejos). Fuentes: Editor Nuevo Día Digital


Importantes hallazgos de fósiles en Camet Norte.

Un pequeño pueblo de la costa bonaerense se constituye en la cuna del nacimiento y desarrollo de una nueva rama de la ciencia en Argentina: la biología molecular y genética aplicadas a la paleontología.

Camet Norte es un pequeño y muy pintoresco pueblo costero de la costa bonaerense que se encuentra ubicado a apenas 20 minutos de Mar del Plata.

Es conocido y visitado por turistas amantes de la naturaleza y el paisaje y destaca por su riqueza patrimonial desde el punto de vista natural y cultural, donde destaca su patrimonio Paleontológico que remonta a la épocas de la última Era de Hielo, y que ahora lo posiciona entre los yacimientos Paleontológicos más espectaculares del mundo por su capacidad de preservar material genético fresco en las piezas paleontológicas halladas.

Especialmente es elegido por sus playas naturales de costa acantiladas baja, enmarcadas también en un muy llamativo y particular diseño urbano con pintorescas “casitas de colores”

Al mismo tiempo, es base de diversas Instituciones, Museos y Centros, dedicados al estudio y la preservación de ambientes y registros patrimoniales únicos. (Geológicos Arqueológicos y Paleontológicos) y destino de diversas visitas por parte de comitivas científicas nacionales y hasta internacionales.

Así, en medio de la temporada estival y entre sombrillas y bañistas, esta semana, en una actividad coordinada por el Centro de Estudios Comunitarios para la Identidad, el Ambiente y el Patrimonio Pachamama (CECIAPP) Camet Norte recibió la visita de investigadores y becarios de las Universidades Nacionales de Rosario, La Plata y Mar del Plata, en el marco del desarrollo de diversas tareas que se articulan con el Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama, del partido de Mar Chiquita.

<<<Imagen ilustrativa.

Las actividades programadas, estudios y proyectos en curso se vinculan Genética Molecular y además a otros aspectos como a la Geodiversidad, la Paleodiversidad y la Biodiversidad presente, como así también a Cambio Climático.

Así, durante los últimos días se realizaron varias caminatas de reconocimiento del territorio y del patrimonio natural y cultural existente, y de prospección en el Yacimiento Camet Norte, la selección y toma de muestras para la realización de nuevos estudios de ADN relacionados con la filogenia y/o filogénesis (datos de parentesco que además permiten inferir caminos evolutivos) de los animales prehistóricos extinguidos que habitaron esas tierras hace miles de años.

Las acciones se desarrollan de manera conjunta y colaborativa entre las instituciones universitarias mencionadas, el Museo Municipal de Ciencias Naturales Pachamama dependiente de la Secretaría de Cultura y Educación, otras provinciales y nacionales, e instituciones vinculadas a la protección y preservación, conservación y uso social tanto del territorio como del ambiente natural y el patrimonio local, como el CECIAPP. Fuente; Noticiasmdq.com


Por la bajante del río encontraron restos fósiles en Junín.

Decenas de restos fósiles de gliptodontes y de los antepasados prehistóricos del elefante y el caballo, que habitaron hace más de 10 mil años el territorio bonaerense, fueron hallados en el río Salado, a la altura de la ciudad bonaerense de Junín, luego de una bajante de ese curso de agua debido a la sequía que afecta a la región.

Así lo confirmó a Télam José María Marchetto, coordinador del Museo Municipal Paleontológico Legado del Salado (Mumpa) de Junín, quien pidió a los pobladores que no extraigan los restos que quedan expuestos ya que “se trata de un yacimiento paleontológico de la megafauna bonaerense” y deben dar aviso a las autoridades pertinentes.

”Las aguas del río Salado, en el tramo que atraviesa la ciudad de Junín, bajaron más de lo normal producto de la sequía y eso trajo aparejada una gran cantidad de descubrimientos y rescates de diversos restos fósiles de animales que habitaron la región hace más de 10.000 años”, precisó el especialista. No es la primera vez que una bajante del río permite hallar restos prehistóricos: ya en 2018, tras las inundaciones de 2017 que afectaron el territorio bonaerense, aparecieron en la costa restos de maxilares, colmillos, fémures, cráneos y una gran cantidad de restos de la megafauna que habitó allí.

En esta nueva bajante, según explicó Marchetto, “se rescataron piezas de Macrauchenia, un animal que en su morfología era muy similar a la llama, pero más grande y más pesado, ya que alcanzó los 1000 kilos, con una trompa corta, similar a la del tapir y tres dedos por pata”.

”También se hallaron piezas de Stegomastodon, un animal emparentado con el elefante actual, muy similar al mismo en tamaño, que poseía un peso aproximado de 7500 kilos y sus defensas eran más rectas que las del elefante actual”, precisó. Por otra parte, informó que “se encontraron restos de Toxodón, un animal parecido al hipopótamo; llegó a pesar e incluso superar los 1000 kilos, y su principal característica es que los dientes de su maxilar estaban arqueados, de aquí que se lo haya bautizado con el nombre Toxodón, que significa ‘diente en forma de arco’”.

Se hallaron también “restos de perezosos gigantes, entre ellos de Megaterio, animal emparentado con el actual perezoso de la Amazonia, pero con la diferencia de que el Megaterio llegó a medir unos seis metros de altura parado en dos patas y su peso alcanzó los 5000 Kilos; y fósiles de Gliptodontes, animales emparentados con las actuales mulitas y armadillos, cuyos representantes de mayor tamaño llegaron a tener las dimensiones de un automóvil”.

Marchetto sostuvo que “también aparecieron piezas de organismos un poco más pequeños como de Equus Neogeus, emparentado con el caballo actual, y morfológicamente hablando, prácticamente igual al mismo o el género Dusicyon, que reúne a varias especies de zorros”. Los integrantes del Mumpa Legado del Salado fueron los encargados de realizar los rescates junto con la colaboración de vecinos de la ciudad.

”En general los vecinos colaboran, pero siempre existen personas que hacen cosas indebidas y se encontraron en el río excavaciones ilegales de personas que se llevaron y rompieron distintas piezas fósiles, entre ellas un fragmento de defensa de Stegomastodon de gran relevancia cultural y científica”, destacó.

El especialista recordó que los restos están protegidos por la ley nacional de protección del patrimonio 25.743, que establece que “los fósiles sólo pueden ser rescatados por personal idóneo, que sepa cómo efectuar los mismos sin dañar los fósiles y que tengan los permisos legales para hacerlo”.

”Los fósiles no tienen valor económico, no son de nadie, son de todos, o sea, son patrimonio de la Nación, por lo que deben estar en un museo para que todo el mundo pueda verlos y estudiarlos”, explicó. En este sentido advirtió que llevarse fósiles “es considerado un acto de vandalismo y puede ser penado con multas o incluso prisión, en algunos casos”.

Los integrantes del museo apelan a que “la o las personas que realizaron estos actos lo hayan hecho en el marco del desconocimiento de la ley, y por lo mismo devuelvan las piezas sustraídas”, llevando toda esta situación a buen término. El coordinador del Mumpa pidió que aquellas personas que encuentren un resto fósil puedan mandar un mensaje privado a la dirección de Facebook del Museo Legado del Salado Junín. Fuente: Télam


Recuperan fósiles de  Panochthus, el gliptodonte más grande de Santiago del Estero.

En Santiago del Estero se hallaron restos de un gliptodonte, pertenecientes al género Panochthus sp. y que por su "morfología da cuenta de un ejemplar no registrado para la región Chaco austral y se trataría de uno de los de mayor tamaño encontrados en nuestra provincia", indicaron los investigadores de la Dirección General de Patrimonio Cultural.

Se trata de placas óseas que conforman la coraza del animal, las cuales se encontraron en la cuenca del río Dulce, a la altura de Los Miranda (Departamento Río Hondo) y el registro incompleto ha sido identificado por un equipo de paleontólogos conformado por Raúl Vezzosi (Conicet, Uader) Pablo Gaudioso (Conicet, IML) y Andrés Rinderknecht (Mnhn).
 

Los investigadores indicaron que "la morfología observada da cuenta de una ejemplar no registrado para la región Chaco austral durante el cuaternario, de modo que por su relevancia es menester profundizar en el estudio de este singular fósil pleistocénico".

Se trata de un "representante extinto de la mega fauna local" y, agregaron que "se trataría de uno de los gliptodontes de mayor tamaño encontrados actualmente en nuestra provincia".

Por su parte, la responsable del área de Antropología y Ciencias Naturales, Analía Sbattella comentó que a "diferencia de los recuperados recientemente por esta Dirección, uno en Weisburd y otro en Campo Gallo, este ejemplar contaría con una masa corporal que supera la tonelada y puede alcanzar los 2,5 a 3 m. de longitud".

"Eran herbívoros especializados que habitaron en espacios abiertos bajo un clima frío y seco", dijo.

A la vez los especialistas manifestaron que "si bien se trata de animales de gran antigüedad (35 millones de años), las características que se evidencian de este registro y la antigüedad de los sedimentos que lo contenían podrían ubicarlo temporalmente entre el Pleistoceno final y comienzos del Holoceno (126000 - 11000 Antes del Presente/AP)".

También detallaron que la aparición reciente en el lecho del río pudo ser provocada por la acción erosiva que ejerce el mismo sobre los diferentes estratos sedimentarios, particularmente en aquellos que suelen alojar restos fósiles.

Y añadieron que en esta oportunidad este antiguo acorazado quedó al descubierto por el descenso del nivel del agua. Fueron los vecinos Franco Salas, Ezequiel Melián, Adrián Matiello, Exequiel Aragón y Antonio Sandoval quienes dieron aviso y colaboraron en el rescate, junto al personal técnico de la Dirección y a Adolfo Mussi, instructor y presidente de la Escuela de Canotaje "Palas Santiagueñas", quien pudo coordinar y prestar equipamiento adecuado para facilitar su extracción del río.

Una vez finalizado el rescate, los restos fueron depositados en las dependencias de la Dirección General de Patrimonio Cultural con el objeto de "ser resguardados para la realización de estudios, enmarcados dentro del proyecto de investigación que lleva adelante el equipo de profesionales sobre la Paleontología del Neógeno de Santiago del Estero". Fuente Cronica.com.ar


Encontraron restos fósiles de un dinosaurio que podría ser el más grande de la historia.

El saurópodo titanosaurio gigante está compuesto por una secuencia articulada de 20 vértebras caudales y varios huesos apendiculares. Según las estimaciones de los palentólogos, el ejemplar rondaría los 40 metros de largo.

El hallazgo de los restos fósiles de un ejemplar de titanosaurio que vivió hace unos 98 millones de años en Neuquén llamó la atención de investigadores argentinos y extranjeros, ya que podría ser el animal terrestre más grande alguna vez encontrado en la historia al rondar más de 40 metros de largo y probablemente superando las 70 toneladas de peso.

El hallazgo y la investigación, publicadas en la revista científica Cretaceous Research, también muestra que este ejemplar reveló la existencia de una nueva especie de dinosaurio que ayuda a comprender de manera más acabada la anatomía de estos gigantes, y a la vez brinda nueva información sobre la evolución de la masa corporal de la especie.

"Si bien se encontró hace un par de años, es tan grande el ejemplar que nos está llevando mucho tiempo extraerlo, lleva mucha logística pero justamente con los pocos materiales que se han recuperado corresponde sin dudas a uno de los dinosaurios más grandes, aunque todavía no podemos decir a ciencia cierta si es el más grande", dijo a Télam Alberto Garrido, geólogo de la Universidad Nacional de Comahue y director del museo de Ciencias Naturales "Juan Olsacher", quien trabaja en la excavación.

"A medida que vayamos recuperando más material y haya huesos que sean comparables con otros conocidos nos dará más certezas. Es un trabajo lento y minucioso", explicó. Los materiales hallados se encuentran alojados en el Museo de Ciencias Naturales "Prof Dr. Juan Olsacher".

"Lo llamativo es que los restos de los grandes titanosaurios son muy fragmentarios, aparecen 3 o 5 huesos y en base a eso el paleontólogo reconstruye al ejemplar en su totalidad. Hasta el momento, hasta donde llegamos con las excavaciones, viene articulado, entonces es un hallazgo formidable", destacó Garrido.

"Es interesante que comprobamos la antigüedad de 98 millones de años y, si bien existían huellas de grandes dinosaurios, hasta ahora no se habían encontrado restos de huesos. Sí de grandes carnívoros. Abre un panorama distinto para lo que se conocía", aclaró.

Según las estimaciones de los paleontólogos, el ejemplar rondaría los 40 metros de largo y pesaría más de 80 toneladas, un porte que, de confirmarse, superaría en un 15 por ciento al dinosaurio más grande hallado hasta el momento, el Patagotitan mayorum.

"Uno de los temas de investigación más fascinantes en el campo de los dinosaurios saurópodos es la evolución del gigantismo. Este ejemplar se considera uno de los saurópodos más grandes jamás encontrados, probablemente superando en tamaño a Patagotitan", explicaron en la revista Cretaceous Research.

"Lo llamativo es que los restos de los grandes titanosaurios son muy fragmentarios, aparecen 3 o 5 huesos y en base a eso el paleontólogo reconstruye al ejemplar en su totalidad. Hasta el momento, hasta donde llegamos con las excavaciones, viene articulado, entonces es un hallazgo formidable". Fuente; Infobae.


Investigan un Gliptodonte que tiene casi 4 millones de años, una nueva especie para la ciencia.

A pesar de ser el primer fósil hallado en las costas del río Dulce, recientemente fue “descubierto” como un ejemplar excepcional. Uno de los museos más ricos de la ciudad aguarda ansioso a los turistas.

El director del Museo Municipal Rincón de Atacama, Sebastián Sabater, está ligado a la investigación y hallazgos de restos fósiles hace 32 años cuando con un grupo de amigos fundó el Museo Rincón de Atacama, que años después se transformó en municipal.

“Yo me siento inmensamente feliz trabajando en el museo, es una decisión de vida que tomé en el año 87 de dedicarme a esta actividad. El 25 de noviembre, el museo cumplirá 32 años y me siento muy realizado en este trabajo, es un gran desafío. Uno cuando se apasiona por algo saca lo mejor de sí mismo y es lo que siento que me pasó.

Me dediqué con profundidad para que crezca el museo en cantidad de material, porque nuestra ciudad es turística y necesitaba un lugar que cumpla con esa tarea turística, cultural y social importante. Hoy el museo tiene en exposición 1000 ejemplares de las distintas colecciones, más lo que está en depósito. El objetivo fue tener el registro científico de la arqueología, la paleontología de vertebrados, la paleobotánica, la entomología de la región, y para ello hemos golpeado puertas de las instituciones para poner en marcha este proyecto”.

Sabater reveló que en coincidencia con el 66º aniversario de la ciudad, desarrollan un trabajo de investigación de un Gliptodonte que data de unos 3.700.000 años. “A través de un convenio que tenemos con la Universidad del Nordeste de Corrientes y el Centro de Ecología Aplicada de El Litoral estamos trabajando en la limpieza y preparación del caparazón de un Gliptodonte que es el primer fósil que trajimos de la orilla del río Dulce. Estuvo muchos años en la vitrina. En una visita, un especialista me comentó que se trataba de una nueva especie para la ciencia y desde ahí estamos realizando el trabajo de limpieza y preparación para darlo a conocer como una especie nueva y con un técnico del Cecoal lo estamos preparando y por suerte dentro del caparazón pudimos encontrar el cráneo completo y sacar las placas óseas. La verdad que es un muy importante hallazgo desde el punto de vista científico”.


Científicos dataron con precisión la piel momificada de un perezoso gigante.

Aunque está exhibición desde hace tiempo, su antigüedad era dudosa. Un nuevo estudio indica que vivió hace 13 mil años y coexistió con los primeros humanos de América del Sur

Producto de una expedición científica organizada en 1899 por el Museo de La Plata (UNLP), llegó a sus colecciones la piel momificada de un milodonte, un género extinto de animales que habitó durante el Pleistoceno, época que abarca desde aproximadamente 2 millones y medio hasta 10 mil años atrás. Exhibido hasta hoy en una de las salas, el material es un verdadero tesoro teniendo en cuenta su sorprendente grado de conservación: aún tiene pelos y partes blandas. Luego de amplias discusiones acerca de su antigüedad, el recorte de cuero perdió algo de interés paleontológico, hasta que recientemente un grupo de expertos retomó su estudio y volvió a datarlo, esta vez con sofisticadas técnicas que no dejaron lugar a dudas: el dueño de ese tejido vivió hace unos 13.200 años. La novedad acaba de publicarse en la revista Quaternary Science Reviews.

El perezoso gigante –forma común de llamar a este género– fue uno de los animales terrestres de mayor tamaño de América del Sur, con un peso de más de 1 tonelada y 3 metros de longitud. Tenía enormes garras y andaba en cuatro patas, aunque se piensa que podía adoptar la posición bípeda. De hábitos herbívoros, formó parte de la megafauna sudamericana, como se conoce a los grandes mamíferos que coparon esta parte del planeta.

La piel de la que habla el artículo fue encontrada en la Cueva del Milodón, una formación natural ubicada al sur de Chile explorada a fines del siglo XIX con incontables restos paleontológicos en su interior, e incluso evidencia de actividad humana.  Como en ese momento se estaban estableciendo los límites geográficos con nuestro país, su dominio no estaba claro, y eso permitió que expediciones de distinta procedencia recolectaran materiales. Cuenta la historia que cuando algunos restos llegaron a ojos del naturalista argentino Florentino Ameghino, este aseguró que pertenecía a una especie viviente, lo cual desató una verdadera fiebre por encontrar un ejemplar vivo, algo que por supuesto no sucedió.

“La piel es realmente llamativa: tiene un centímetro y medio de espesor con pelos largos de color amarillo rojizo y es dura como la madera. En lo que sería el interior, está tapizada por un montón de huesos pequeños que forman como una armadura, propia de algunas especies de perezosos fósiles”, explica Néstor Toledo, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y uno de los autores del trabajo.

Datada en 1974 con resultados dudosos, el equipo de científicos volvió a mandar una muestra al mismo laboratorio de radiocarbono –método para determinar la edad de materiales que contienen carbono– que había realizado el análisis anterior, en Estados Unidos. Esta vez, arrojó una antigüedad superior a los 13 mil años. A su vez, 11.300 años fue lo que mostró un fragmento de hueso del cráneo procedente de la misma cueva que los autores enviaron a medir a un laboratorio argentino, igual antigüedad que se le asigna a dos punzones, herramientas de hueso talladas por el humano, encontrados junto al cuero del animal, según consta en los reportes originales del hallazgo.

El trabajo de los especialistas también incluyó el registro de dos omóplatos de perezoso, uno de ellos perteneciente a la colección local y el otro a la del museo de ciencias naturales de Zúrich. Como valor agregado, estas piezas óseas, que cuentan con un fechado de entre 12 y 13 mil años, tienen marcas de corte realizadas por herramientas y otras de arrastre por el suelo. “Constituye una evidencia indirecta de la presencia humana que por supuesto hay que seguir estudiando, pero es una prueba indiscutible de convivencia con el ser humano y, de comprobarse, sería una de las más antiguas de América del Sur”, señala Leandro M. Pérez, investigador del CONICET en la FCNyM y primer autor de la publicación. Esta cuestión cobra un interés especial teniendo en cuenta el debate sobre la coexistencia o no de esta fauna con los primeros pobladores.

Además de las nuevas edades obtenidas, la investigación de los expertos del museo incluye una revisión exhaustiva de todos los fechados de restos asignados a milodontes encontrados en la misma cueva que constan en la literatura científica. Comenzando por el primero de ellos, realizado en 1951 por Williard Libby, nada menos que el ganador del Premio Nobel de Química en 1960 y creador del método por radiocarbono, verificaron un total de 36 registros, descartando aquellos que resultaran fallidos o inciertos. “Nos tomamos el monumental trabajo de buscar cada dato publicado, rastrear la muestra a la que alude y llamar al laboratorio encargado de la datación para ir trazando una correspondencia entre las referencias. Encontramos algunos errores y dejamos solo aquellos valores históricos confiables”, detalla Pérez, y agrega: “No es que antes se trabajara mal, sino que no existían los protocolos que hay hoy.

No se sabía de la importancia de incluir una foto o un dibujo del material o de asignarle un número de catálogo en la colección, por ejemplo”. Como reflexión final, los investigadores destacan dos valores importantes del trabajo. “Por un lado, el interés a nivel climatológico teniendo en cuenta que fue una época de glaciaciones intermitentes, con condiciones durísimas debido al frío y la cantidad de hielo, en la que sin embargo esa cueva estuvo habitada de manera continuada al menos durante mil años, de acuerdo a nuestra revisión bibliográfica.

En ese sentido, despierta infinidad de preguntas acerca de cómo pudo haber evolucionado esa fauna, que en el caso de los perezosos eran gigantes y lanudos, mientras que sus parientes actuales son pequeños y viven colgados de los árboles en las selvas tropicales”, argumenta Toledo. A su tiempo, Pérez alude a la segunda cuestión relevante, relacionada a “la importancia de valorar el patrimonio que tenemos y la forma de trabajar de los naturalistas de entonces, que viajaban a lugares lejanos y hostiles sin saber siquiera si regresarían con vida. Muchos museos del mundo tienen piezas de este sitio porque las compraron a coleccionistas, pero en cambio son muy pocos los que, como el nuestro, tienen materiales recuperados en expediciones científicas organizadas y comandadas por investigadores de la institución”.

Momificación: ¿sí o no?

Aunque se habla de piel “momificada”, la realidad es que no se sabe si el término aplica exactamente a la condición de conservación que evidencia el famoso cuero de perezoso. “No es como uno podría imaginarse una momia inca o egipcia, sometida a una serie de tratamientos adrede para preservarla de ese modo. Aquí no hubo deshidratación porque la cueva es terriblemente fría y húmeda, y tampoco fue por congelamiento. Lo que tuvo lugar fue un proceso más complejo para el cual ahora mismo estamos realizando análisis químicos de unas fundas de microcristales que recubren cada pelo, y que vimos por microscopía electrónica”, describen los autores, que hablan de una suerte de “curtido natural”. El material estaba sepultado bajo una gruesa capa de estiércol de un metro de grosor, compactado y sin oxígeno. “Pensamos que los excrementos produjeron la liberación de taninos, compuestos químico que precisamente se utilizan para curtir cueros, y eso desató el procedimiento de manera espontánea”, concluyen los expertos. Fuente Conicet.


 

 

 

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